Hoy leía un artículo sobre el
alto porcentaje de herencias que se rechazan por estar envenenadas por la
crisis. Pero hay otra herencia envenenada que vamos a dejar y de la que somos
responsables como sociedad.
Este sistema económico que acunamos, está dejando tras de sí un reguero
de cadáveres esparcidos como cal viva. En otras ocasiones he hablado –y lo
seguiré haciendo- de las “bondades” del modelo. La importancia que hoy en día
tiene sentirse propietario hace que distorsionemos el valor que tienen las
cosas y tenemos la capacidad innata de menospreciar las que nos son vitales por
el simple hecho de no sentirnos propietarios de ellas.
Para que nuestro mercado funcione
es imperativo que los derechos de propiedad estén claramente definidos. Sólo
así podrá establecerse el valor de lo que se intercambia. En “mi economía de andar
por casa” el valor se negocia entre quien quiere adquirir algo y quien puede
proporcionarlo. Ambas partes satisfechas.
Sin embargo, ¿cuál es el valor de
una atmósfera limpia?, ¿cuál es el valor de las playas, los bosques, los ríos,
la biodiversidad…? ¿Qué negociamos y quiénes lo hacen? Estos bienes y recursos
son de acceso libre y por esto y por su uso gratuito corren el riesgo de que se
usen mal y se despilfarren. Si no se maximizan beneficios, nadie está
interesado en hacer una gestión adecuada por lo que aquí sí justificamos la
intervención del Estado, con la esperanza de que él sí nos proporcione esta
gestión eficiente. Irónico. Acudimos a Papá
Estado pero Papá Estado no se comporta
como esperamos de él. La legislación deja demasiados cabos sueltos
que permiten encontrar nichos de mercado explotables por las
administraciones o los arrimados (boom urbanístico, sobreexplotación de
recursos, emisiones de CO2, contaminación de aguas, etc). Todo esto que en el
corto plazo nos aporta golosos beneficios y nos condena, a largo plazo, a un modelo insostenible.
Estamos enfermos de lo que voy a
denominar “cortoplacismitis” provocado por la inflamación del ego que nos
afecta como individuos y como como sociedad.
Como individuos tenemos muchos
problemas y seguimos dejando en planos muy secundarios las cuestiones
ambientales. No es que no exista inquietud, pero tampoco ayuda a nuestra
percepción que las decisiones que nos afectan en lo cotidiano se adopten en
lugares cada vez más lejanos y ajenos a la realidad que vivimos. Decisiones que
no son prioritarias para las agendas de los gobiernos, instituciones, grandes empresas ni para nosotros mismos.
Sabemos que la atmosfera, los océanos,
ríos, bosques, etc, limpios y sin contaminación tienen un valor, pero es
innegable (ya hay muchos estudios que lo calculan) que la contaminación y la
sobreexplotación de los recursos, la urbanización descontrolada puede medirse
en coste. Son muy altos pero no son sólo económicos. Las voces de alarma nos
gritan y la voluntad siempre parece estar, pero hasta ahora van ganando la
batalla las multinacionales, los estados que producen a ritmos de vértigo con
tasas de contaminación de vergüenza, los nuevos y viejos ricos que buscan su
enriquecimiento a costa del bienestar general y la sostenibilidad.
Todo se
reduce a PIB, a crecimiento, a beneficios, a empresas, a datos macroeconómicos…
que nos llevan a las grandes desigualdades, enfermedades relacionadas con sus
prácticas habituales y modificación de patrones de comportamiento de la
naturaleza y del ser humano como parte de ella.
Si relevantes son las cifras
económicas, no es menos relevante que setecientos
sesenta y ocho millones de personas carezcan de acceso a agua potable y mil
cuatrocientos niños menores de cinco años mueran cada día por
enfermedades diarreicas relacionadas con esta falta de acceso. Por hacerlo
más cercano. La OMS incluyó la contaminación exterior en el grupo uno (el más
peligroso) de las sustancias cancerígenas, que estuvo detrás de doscientas veintitrés
mil muertes a nivel mundial por cáncer de pulmón, según la Agencia
Internacional para la investigación en Cáncer en 2010. Estas también son cifras
macro, y las dejo ahí para los amantes de las cifras. Hay muchas aristas en el
tema y muchas más cifras.
Lo que es seguro es que esta sí es una herencia que
nos vamos a ver obligados a aceptar, nosotros y nuestras generaciones venideras.
¿Cuándo será una prioridad real?
Hoy, Día Mundial del Medio Ambiente 2015, desayuno con esta noticia que comparto con los que la quieran leer: http://www.eldiario.es/sociedad/detenidos-toneladas-residuos-industriales-Cartagena_0_395460620.html
ResponderEliminar¿Cuándo seremos conscientes de su importancia?