lunes, 1 de junio de 2015

Nuestras vidas son los ríos...



Hoy leía un artículo sobre el alto porcentaje de herencias que se rechazan por estar envenenadas por la crisis. Pero hay otra herencia envenenada que vamos a dejar y de la que somos responsables como sociedad.

 Este sistema económico que  acunamos, está dejando tras de sí un reguero de cadáveres esparcidos como cal viva. En otras ocasiones he hablado –y lo seguiré haciendo- de las “bondades” del modelo. La importancia que hoy en día tiene sentirse propietario hace que distorsionemos el valor que tienen las cosas y tenemos la capacidad innata de menospreciar las que nos son vitales por el simple hecho de no sentirnos propietarios de ellas.

Para que nuestro mercado funcione es imperativo que los derechos de propiedad estén claramente definidos. Sólo así podrá establecerse el valor de lo que se intercambia. En “mi economía de andar por casa” el valor se negocia entre quien quiere adquirir algo y quien puede proporcionarlo. Ambas partes satisfechas.

Sin embargo, ¿cuál es el valor de una atmósfera limpia?, ¿cuál es el valor de las playas, los bosques, los ríos, la biodiversidad…? ¿Qué negociamos y quiénes lo hacen? Estos bienes y recursos son de acceso libre y por esto y por su uso gratuito corren el riesgo de que se usen mal y se despilfarren. Si no se maximizan beneficios, nadie está interesado en hacer una gestión adecuada por lo que aquí sí justificamos la intervención del Estado, con la esperanza de que él sí nos proporcione esta gestión eficiente. Irónico. Acudimos a Papá Estado pero Papá Estado no se comporta como esperamos de él. La legislación deja demasiados cabos sueltos que permiten encontrar nichos de mercado explotables por las administraciones o los arrimados (boom urbanístico, sobreexplotación de recursos, emisiones de CO2, contaminación de aguas, etc). Todo esto que en el corto plazo nos aporta golosos beneficios y nos condena, a largo plazo, a un modelo insostenible.

Estamos enfermos de lo que voy a denominar “cortoplacismitis” provocado por la inflamación del ego que nos afecta como individuos y como como sociedad.

Como individuos tenemos muchos problemas y seguimos dejando en planos muy secundarios las cuestiones ambientales. No es que no exista inquietud, pero tampoco ayuda a nuestra percepción que las decisiones que nos afectan en lo cotidiano se adopten en lugares cada vez más lejanos y ajenos a la realidad que vivimos. Decisiones que no son prioritarias para las agendas de los gobiernos, instituciones,  grandes empresas ni para nosotros mismos.

Sabemos que la atmosfera, los océanos, ríos, bosques, etc, limpios y sin contaminación tienen un valor, pero es innegable (ya hay muchos estudios que lo calculan) que la contaminación y la sobreexplotación de los recursos, la urbanización descontrolada puede medirse en coste. Son muy altos pero no son sólo económicos. Las voces de alarma nos gritan y la voluntad siempre parece estar, pero hasta ahora van ganando la batalla las multinacionales, los estados que producen a ritmos de vértigo con tasas de contaminación de vergüenza, los nuevos y viejos ricos que buscan su enriquecimiento a costa del bienestar general y la sostenibilidad. 

Todo se reduce a PIB, a crecimiento, a beneficios, a empresas, a datos macroeconómicos… que nos llevan a las grandes desigualdades, enfermedades relacionadas con sus prácticas habituales y modificación de patrones de comportamiento de la naturaleza y del ser humano como parte de ella. 
Si relevantes son las cifras económicas, no es menos relevante que setecientos sesenta y ocho millones de personas carezcan de acceso a agua potable y mil cuatrocientos niños menores de cinco años mueran cada día por enfermedades diarreicas relacionadas con esta falta de acceso. Por hacerlo más cercano. La OMS incluyó la contaminación exterior en el grupo uno (el más peligroso) de las sustancias cancerígenas, que estuvo detrás de doscientas veintitrés mil muertes a nivel mundial por cáncer de pulmón, según la Agencia Internacional para la investigación en Cáncer en 2010. Estas también son cifras macro, y las dejo ahí para los amantes de las cifras. Hay muchas aristas en el tema y muchas más cifras. 

Lo que es seguro es que esta sí es una herencia que nos vamos a ver obligados a aceptar, nosotros y nuestras generaciones venideras.

¿Cuándo será una prioridad real?

1 comentario:

  1. Hoy, Día Mundial del Medio Ambiente 2015, desayuno con esta noticia que comparto con los que la quieran leer: http://www.eldiario.es/sociedad/detenidos-toneladas-residuos-industriales-Cartagena_0_395460620.html
    ¿Cuándo seremos conscientes de su importancia?

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