... y
sabrás cómo es Juanillo.
Lo que sí es cierto es que es
fácil poner el foco en aquellos que ostentan cierto grado de poder sobre ti, da
igual cuánto mande. Ahí centraremos nuestras críticas y nuestra inquina.
¿Quién no ha tenido un jefe al
que le gusta salir de fiesta con sus subordinados y acaba teniendo favoritos y
desdichados rehenes discriminados? Los arrogantes que ni comunican bien y se
creen en poder de la verdad absoluta, aquellos que no tienen en cuenta a sus
empleados y sólo ven números, los que se
paran en nimiedades ridículas, los concentrados en mostrar su power a todas
horas, los que toman decisiones sobre una actividad que ni conocen ni se han molestado en investigar, los que se
irritan con facilidad y no soportan los cambios, los hiper controladores, los
inseguros, los de las expectativas imposibles que se asemejan a cuentos de
hadas, los que no tienen ni idea de que en un minuto sólo caben sesenta
segundos, etc.
Paro aquí porque podría ser largo
y lo peor es que a algunas de estas descripciones les he puesto cara y se me ha
hecho demasiado real. Como ves, es fácil poner el centro de la diana a los
jefes y probablemente no nos equivoquemos, pero nos olvidamos, como siempre de
la autocrítica. ¿Te suenan las siguientes expresiones?: ¡Si yo mandara algo…!,
¡cualquiera es jefe!, ¡yo lo hago mejor con los ojos cerrados!
Pero qué pasa con nosotros, los currelas. Qué me decís de ese compañero que
carga con esa tremenda cruz a cuestas que tanto pesa y que nunca hace nada para aliviar la carga, salvo buscar compañeros que escuchen sus cuitas, o el que está siempre
cabreado (en ocasiones confluyen victimismo y enfado en una misma persona), o
el eterno desganado, o los manipuladores, o los criticones y cotillas, o los
trepas…
Como me ha ocurrido con los
jefes, he podido ponerles cara a algunos
adjetivos, pero si eres sincero (y puedes serlo porque nadie se va a enterar)
te habrás reconocido a ti mismo en uno o varios de ellos. Ha sido como jugar a
Quién es quién.
Nunca ha estado bien exagerar y
menos generalizar la exageración, pero siempre es más divertido y a todos nos
gusta el cotilleo cuando es de otro.
Sin embargo, no olvides que la
moneda siempre tiene dos caras y aunque es fácil barrer para otro lado, tenemos
que entender que si uno está contribuyendo con su propia actitud a que las
conductas perniciosas se mantengan, poca solución puede encontrar la situación
de toxicidad, que tenderá a ser crónica y acabará teniéndose que amputar algún
miembro, y todos sabemos quiénes tienen todas las papeletas en esa rifa.
Quizá sea hora de asumir nuestra
parte, ser autocríticos y comenzar por establecer límites, tratar de contribuir
positivamente a la mejora de las relaciones, cuidarse a uno mismo, ser
inteligente, porque se trata de pasar el tiempo más enriquecedor posible en un espacio
en el que invertimos parte de nuestra vida con gente que nos acompaña (nos guste o no).
Cada uno deberá saber si quiere ser parte del problema o de la solución, porque ya sabes qué le pasa a Juanillo cuando le dan un carguillo.
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