Todo el mundo pasó por encima de la noticia. Tampoco era tan
importante. Para mí, un jarro de agua fría por ser un paso atrás. Otro más.
El gobierno elimina
la financiación de los planes de Igualdad en las pequeñas y medianas empresas.
Esas que oscilan entre los 30 y los 250 trabajadores. El 99,88% del tejido
empresarial de este país lo componen PYMES. En esas en las que trabajamos
todos.
Desde 2008 el
gobierno ofrecía ayudas para la implantación de Planes de Igualdad en la
empresa para lograr: alcanzar en
la entidad la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres y a
eliminar la discriminación por razón de sexo. (BOE de 20 de mayo de 2016).
Y así, este año, esta declaración de intenciones se
convierte en mero papel del váter y ya sabemos el uso que se le da a este. Se
han suprimido también cursos de
postgrado de género, másteres, talleres y actividades contra la
violencia machista y la publicación de estudios feministas.
¿A quién le importa en este país la violencia de género?
Porque ni es importante lograr la igualdad en el ámbito
laboral, ni conocer los logros que han llevado a que las mujeres podamos decir
y pensar hoy lo que nos dé la gana. Pero de todos es sabido que los grandes
pensadores de la historia, en todas las áreas, son hombres.
Ya nos lo muestran las grandes colecciones de libros que anuncian en la tele y que no recogen el pensamiento ni aportación de mujer alguna. Ni siquiera porque la estadística, la lógica, sencillamente el sentido común o la pura casualidad, lo pida a gritos. Podríamos entre todos nombrar unas cuantas mujeres influyentes, pero el espacio de la entrada es limitado y asumo que, por desgracia, me falta mucho conocimiento (no sé a qué se deberá).
Ya nos lo muestran las grandes colecciones de libros que anuncian en la tele y que no recogen el pensamiento ni aportación de mujer alguna. Ni siquiera porque la estadística, la lógica, sencillamente el sentido común o la pura casualidad, lo pida a gritos. Podríamos entre todos nombrar unas cuantas mujeres influyentes, pero el espacio de la entrada es limitado y asumo que, por desgracia, me falta mucho conocimiento (no sé a qué se deberá).
El padre de Olimpia de Gouge, una de las primeras feministas,
(que si has tenido la misma educación que yo, jamás habrás oído hablar de ella),
le escribía a su hija, durante el momento histórico de la liberté, egalité et fraternité que “las mujeres pueden escribir,
pero conviene para la felicidad del mundo, que no tengan pretensiones”. Y a
renglón seguido, esa Revolución Francesa que tanto nos trajo, pasó por la
guillotina no sólo a Olimpia, sino a otras tantas mujeres que osaron reclamar,
también para ellas, libertad e igualdad o sencillamente que se le reconocieran,
pues eso, derechos.
¡Ssshhhh! estas cosas no las cuentan en los libros de
historia y nunca nadie te lo va a contar como no defendamos, protejamos y
luchemos por estos conocimientos que tan incómodos resultan para algunos.
Un comentario muy usado y manido, independientemente de la
ideología que se defienda es: Hay cosas
más importantes en las que gastar el dinero. Hay que centrar las energías y
recursos en lo importante. No nos engañemos, casi con seguridad, lo
importante no lo habrá decidido una mujer. Pero yo no sé desde cuando hay que
elegir bandos a los que defender como si hubiera incompatibilidades. Lo que sí
es cierto es que la lucha por los derechos y libertades de las mujeres siempre
irá por detrás de cualquier otra cosa que a alguien le resulte más importante,
como si ser feminista fuera excluyente o restara fuerzas.
En esta época de crisis, otra vez, damos un paso atrás,
afectando a los ya de por sí más afectados. Dejamos de apostar como estado por
la igualdad en el tejido empresarial, obviando los problemas de la mujer en el
trabajo. Dejamos de apostar por la formación que abra la puerta a ese
porcentaje de la población silenciado a lo largo de la historia en todos los
campos. A esas mujeres a las que también debemos que la civilización esté donde
está hoy. Dejamos de apostar por la lucha y concienciación contra la violencia
de género porque hay cosas más importantes.
Pero, aunque desandemos, habrá que seguir adelante y
recuperar lo que nos dejamos por el camino. Así que, que nadie se limpie las
botas que la cuesta es empinada y larga.
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