martes, 31 de enero de 2017

Un traje para vender imagen

Muchos de nosotros trabajamos (por suerte) contratados en alguna empresa y en mayor o menor medida nos hemos familiarizado con el concepto Responsabilidad Social Corporativa (RSC). ¿Qué es eso?


Sin embargo, desde mi punto de vista, difiere demasiado lo que es realmente la RSC (lo que aspira a conseguirse) y lo que muchas empresas han logrado hacer de ella. Un simple concepto que presenta a una empresa como políticamente correcta ante la sociedad aunque sea mentira. El disfraz de RSC para carnaval.

Este concepto ha descendido de los niveles académicos y espacios especializados para tener mayor presencia en nuestro día a día, resultándonos cada vez más cercano.

De qué hablamos cuando nos referimos a emisiones ilegales de CO2 de vehículos o cuando leemos sobre las cláusulas abusivas de hipotecas y productos financieros dudosos o sobre los vertidos de petróleo, o sobre las subcontratas de ropa, o de camareras de hoteles o de mujeres que no aspiran a nada o temen quedarse embarazadas.... Y así podríamos llenar páginas de ejemplos que me hacen cuestionar de qué sirve tener una política de RSC colgada en la web y mil certificaciones y memorias anuales publicadas e ir a conferencias donde los de siempre hablan de las bondades de siempre sin admitir preguntas, para ponerse la pegatina de responsables.

De qué sirve si la gente no lo percibe, si sólo dicen: “Sí, claro, si ellos se dicen responsables ya no sé qué es la responsabilidad”. De qué sirve si les tenemos que dar razón a base de bochornosos escándalos y de acciones más cercanas del día a día en cada una de nuestras empresas.

Los empresarios se manejan en términos de beneficios y pérdidas y, cuando el concepto RSC se acercó a la empresa, hubo que convencer al empresario de que la RSC era rentable.

Esto podía entenderse de dos maneras:

1. Que cambiar el paradigma empresarial y establecer una estrategia real a medio/largo plazo basada en la comunicación con los grupos de interés, el respeto al medioambiente y una estructura económica responsable, supondría la base para lograr la sostenibilidad  de la empresa, mayores beneficios económicos y un mejoramiento posicional de la misma.

2. Usarlo como una estrategia de marketing con causa potenciando las marcas con valores.

Esta segunda opción per se, no es criticable. Sí lo es si lo usas para hacer un lavado de cara o cuando sólo te quedas en esa superficie sin profundizar ni afrontar realmente lo que es la RSC.

Hoy en día no son tantas como nos cuentan las empresas que afrontan de manera real la posición de responsabilidad que la empresa debe adoptar en la sociedad para bien y para mal y han vaciado de contenido el concepto de RSC de casi todo valor real.

Si bien es un mérito que se estén dando acciones puntuales relacionadas con la RSC y se haya afianzado el uso de su terminología, calando en los diferentes grupos de interés (trabajadores, socios, clientes, proveedores y en la sociedad en general) que pueden manejarse, muchas veces ayudados por las certificaciones y auditorías varias, en términos de calidad, medioambiente, conciliación, igualdad, transparencia, buen gobierno, etc., generando, en muchos casos, ciertas inquietudes muy positivas dentro de la empresa.

También es cierto que ha ido en aumento el descreimiento de esos mismos grupos de interés. ¿Cómo creer a grandes Fundaciones bancarias que hacen estudios sobre la importancia de la calidad del empleo cuando ellos mismos subcontratan precariamente?, ¿Cómo creer a las grandes empresas energéticas que hablan de energías verdes y abusan de sus clientes en épocas de crisis y olas de frio?, ¿Cómo creer a las empresas petroleras y sus páginas llenas de aire limpio en sus fotos, si encharcan mares y océanos de masas de pote negro?, ¿Cómo creer cuando grandes empresas auditoras expertas en RSC reinterpretan los indicadores para que digan lo que las empresas que pagan dicen que debe decir?

Hemos vendido mal la RSC a las empresas y estas han hecho el uso que les ha parecido más interesante. Consecuencia: La empresa y la sociedad siguen entrando en constante conflicto porque aún no hemos entendido que la herramienta para limar estas asperezas pasa por un desarrollo de la RSC real y comprometido. No entraré en el discurso de los recursos limitados aunque por no hablar de él no desaparece, pero ya va siendo hora de reflexionar, replantearse cómo queremos convivir y actuar en consecuencia.

Como siempre, de nosotros depende.

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