Estos días me ha parecido muy desconcertante
la idea mil veces repetida: “más vale malo conocido”.
Las cosas están cambiando. Es un
hecho y puede que asuste. Sin embargo, los aferrados al inmovilismo, al asiento,
ahí siguen, buscando excusas, evitando responsabilidades. Aún no han entendido nada. ¿Cómo hay que
explicarse?
Escucho asombrada a los que dicen
que corremos el riesgo de que oportunistas sin escrúpulos se nos cuelen en las
instituciones. Pero hemos olvidado que los oportunistas sin escrúpulos ya
estaban aquí y que creían haber llegado para quedarse. ¿Más vale malo conocido?
Como estoy apelando indirectamente
a la maravillosa sabiduría popular, recuerdo esas grandes verdades que nos
enseña, como la fábula del pastor y el lobo. Cuando dices mil mentiras, nadie
te creerá aunque, por fin, digas la verdad. Y si eres un lobo y te pones una
piel de cordero para mezclarte y devorar a otros corderos, puede que acabes
degollado servido en una mesa a la hora de la cena.
Es importante no ser como la
zorra que miraba las uvas tan altas y como no podía alcanzarlas, se marchaba
con dignidad aparentada, diciendo que no le gustaban porque estaban verdes. No
podemos culpar a todo lo que nos rodea de las cosas que no podemos alcanzar.
Tenemos que ser autocríticos, trabajar mucho y muy duro para alcanzar
resultados importantes y meritorios. Ya está bien de cigarras que se pasan el
verano cantando al sol mientras las hormigas laboriosas hacen acopio de las
cosas básicas, porque el invierno llega y es muy duro para todos. Puede que cuando
pidas a la hormiga que comparta contigo, ésta haga lo más justo, que es
mandarte a paseo. Disfruta de lo que has luchado, de lo que has trabajado.
No pidas, con música, fiesta y falsas promesas lo que no te has ganado en todo
el verano. Porque obras son amores y no meras razones.
Nos hemos creído fieros leones intocables
y olvidamos respetar el valor de los ratoncitos que se comprometen con la
palabra dada. Si te dicen que te ayudarán, seguro que hallarán el modo de
lograr su objetivo. Nada hay que valga más que el compromiso del ratoncito ¿No
es esto más meritorio que la soberbia de los que se creyeron fieros leones?
Sin embargo, no me sorprendo cuando
leo un periódico y sólo veo escorpiones picando a ranas cuando juraron que
nunca lo harían y sabiendo que los dos se hundirían. ¿Qué le vamos a hacer? Esa
es la naturaleza del escorpión.
Yo sólo espero que los que llegan
no sean como la lechera, porque si el cántaro se rompe ya no habrá leche para
nadie y hay mucha gente que espera con ansia el manjar.
A los que se han dado el batacazo
les deseo suficiente inteligencia para entender lo que ha ocurrido y actuar en
consecuencia. A los que llegan les deseo lo mismo, y fuerza para emprender el
camino con dignidad y honradez.
¿Recordáis cuando os invité a
Barataria? Yo vine aquí en busca del sentido perdido, el común. Sigo esperando
encontrarme con él. A buen entendedor...
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