lunes, 25 de mayo de 2015

De fábula


Estos días me ha parecido muy desconcertante la idea mil veces repetida: “más vale malo conocido”.

Las cosas están cambiando. Es un hecho y puede que asuste. Sin embargo, los aferrados al inmovilismo, al asiento, ahí siguen, buscando excusas, evitando responsabilidades. Aún no han entendido nada. ¿Cómo hay que explicarse?


Escucho asombrada a los que dicen que corremos el riesgo de que oportunistas sin escrúpulos se nos cuelen en las instituciones. Pero hemos olvidado que los oportunistas sin escrúpulos ya estaban aquí y que creían haber llegado para quedarse. ¿Más vale malo conocido?

Como estoy apelando indirectamente a la maravillosa sabiduría popular, recuerdo esas grandes verdades que nos enseña, como la fábula del pastor y el lobo. Cuando dices mil mentiras, nadie te creerá aunque, por fin, digas la verdad. Y si eres un lobo y te pones una piel de cordero para mezclarte y devorar a otros corderos, puede que acabes degollado servido en  una mesa a la hora  de la cena.

Es importante no ser como la zorra que miraba las uvas tan altas y como no podía alcanzarlas, se marchaba con dignidad aparentada, diciendo que no le gustaban porque estaban verdes. No podemos culpar a todo lo que nos rodea de las cosas que no podemos alcanzar. Tenemos que ser autocríticos, trabajar mucho y muy duro para alcanzar resultados importantes y meritorios. Ya está bien de cigarras que se pasan el verano cantando al sol mientras las hormigas laboriosas hacen acopio de las cosas básicas, porque el invierno llega y es muy duro para todos. Puede que cuando pidas a la hormiga que comparta contigo, ésta haga lo más justo, que es mandarte a paseo. Disfruta de lo que has luchado, de lo que has trabajado. No pidas, con música, fiesta y falsas promesas lo que no te has ganado en todo el verano. Porque obras son amores y no meras razones.

Nos hemos creído fieros leones intocables y olvidamos respetar el valor de los ratoncitos que se comprometen con la palabra dada. Si te dicen que te ayudarán, seguro que hallarán el modo de lograr su objetivo. Nada hay que valga más que el compromiso del ratoncito ¿No es esto más meritorio que la soberbia de los que se creyeron fieros leones?

Sin embargo, no me sorprendo cuando leo un periódico y sólo veo escorpiones picando a ranas cuando juraron que nunca lo harían y sabiendo que los dos se hundirían. ¿Qué le vamos a hacer? Esa es la naturaleza del escorpión.

Yo sólo espero que los que llegan no sean como la lechera, porque si el cántaro se rompe ya no habrá leche para nadie y hay mucha gente que espera con ansia el manjar.

A los que se han dado el batacazo les deseo suficiente inteligencia para entender lo que ha ocurrido y actuar en consecuencia. A los que llegan les deseo lo mismo, y fuerza para emprender el camino con dignidad y honradez.


¿Recordáis cuando os invité a Barataria? Yo vine aquí en busca del sentido perdido, el común. Sigo esperando encontrarme con él. A buen entendedor...

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