lunes, 11 de mayo de 2015

Pastillas para no soñar



Es martes, o eso dice el envés de la tableta de pastillas. Si no es así, me he saltado la dosis de hoy. La agenda marcada por un pastillero que necesitamos ahora que estamos enfermos.

¿Síntomas? Muchos. ¿Tiene curación? Llegados a este punto de gravedad no lo puedo asegurar.


La enfermedad se manifiesta de manera diferente en el individuo según el perfil que desarrolle el trastorno en su fase actual, sin embargo, parece que se requiere más observación.

Nos hemos encontrado dos tipos:

El trastorno depresivo se caracteriza por hacer del individuo una persona con una profunda tristeza vital, agotada, apática, y sin ilusión. Síntomas provocados tras sufrir un ataque de falsas promesas. Le prometieron que su esfuerzo se recompensaría. Le dijeron que el futuro era de los que se forman, de los que estudian, de los que se arriesgan, de los que crean. Le dijeron que las oportunidades llegarían, que podrían realizar sus proyectos vitales, que avanzarían y harían avanzar a los demás.

Estado: grave. Se cree que la enfermedad les ha podido dejar ciegos, porque no ven todo lo que le prometieron. Pueden presentar síntomas de afonía porque nadie les escucha. Puede que estén amnésicos,  ya que apenas si recuerdan lo que un día les vendieron como el estado de bienestar. Algunos palidecen desangrados por los recortes, que en una fase más avanzada, les hace invisibles. Otros muestran graves síntomas de agotamiento que les hace difícil mantenerse erguidos.

Estos pacientes están empeorando mientras esperan en las interminables colas del hospital y escuchan: “Es usted joven, la enfermedad se curará sola. Para mitigar los síntomas, tome usted este antidepresivo. Pero si le devuelve la vista deje de tomarlo. No querrá usted ver la realidad”.

El trastorno narcisista se caracteriza por hacer del individuo una persona egoísta, engreída, manipuladora y socialmente destructiva, con fuerte necesidad de obtener admiración y reconocimiento. Es acrítico y desmemoriado y los casos más graves presentan síntomas de obsesión por el dinero y el poder. No se observan escrúpulos en ningún estadio.

Estado: moribundo. Serán enterrados en una tumba construida de educación y valores de desguace, cultura comprada al veintiuno por ciento. Estará rematada por un bonito friso de éxito conseguido bajo la ley del mínimo esfuerzo y máximo beneficio privado (ley que se reforma a gusto del consumidor). La lápida estará hecha del mejor cinismo que se pueda importar y su epitafio rezará: “murió solo, como todos”. Justicia,  igualdad, compromiso y dignidad serán las hermosas losas del suelo que podrán ser pisoteadas por todo aquel que celebre la muerte del enfermo narcisista, ya que hemos observado que deja tras de sí un ejército de personas dispuestas a cualquier cosa por contagiarse de su enfermedad.

Corremos el riesgo de hacer que nos circule por las venas. Si esto ocurre, no habrá remedio.

Había quienes se ocupaban de investigar las causas de esta enfermedad y hoy disponemos de suficientes datos sobre la misma, pero ya no quedan investigadores que puedan estudiar todos sus efectos y se intuye que la enfermedad no ha tocado techo. Si no la combatimos con urgencia puede mutar, ser más agresiva y estar demasiado arraigada para extinguirla. 

Aún no se conoce cura y ya no sé si llegamos a tiempo o el paciente se nos va.


Me he tomado la pastilla y empiezo a ver cada vez mejor. Esta es la realidad que mis ojos ven. Una sociedad enferma.

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