Por una cuestión de puro azar, mi
par cromosómico es XX, y esto, a mi pesar, sé que influye, más de lo que
desearía, en las relaciones sociales y laborales.
Me gusta pensar en los jóvenes como en nuestro futuro, que lo son, y que algún día vamos a
aprender a respetarlos, y lo que para mí es más importante, les vamos a dotar de herramientas reales y posibilidades para lanzarlos al mundo, dejar que desarrollen sus proyectos
vitales y nos hagan avanzar a todos.
Sin embargo, me tropiezo con realidades como
que uno de cada tres jóvenes (según este estudio yo ya dejé de ser joven hace
unos años) ve normal controlar a tu pareja en horarios, relaciones con familia
y amigos, tu vestimenta, estudios, trabajo o lo que hacer o no.
Este vistazo al futuro hace que
me vea en la necesidad de tender la mano al pasado, que parece tan lejano y que
sin embargo fue antes de ayer. A veces es importante dar un contexto a la
realidad en la que vivimos, ya que conociendo las estructuras y valores
sociales anteriores, podemos analizar su influencia en la sociedad actual, que es
lo que la historia ha hecho de nosotros.
Quiero que esta entrada sea un
homenaje a aquellas personas a las que se les “metió entre ceja y ceja” cambiar
las cosas. Aun sufriendo en sus propias carnes injusticias sin explicación, no
cayeron en el desaliento y lucharon para que hoy todos disfrutemos con
normalidad, lo que en su tiempo era una auténtica revolución, una locura y,
posiblemente, hasta un delito.
Con esa expresión “entre ceja y
ceja” resumía María Telo su constancia para cambiar algo que para ella era un
sinsentido. No hace tanto que las mujeres estaban obligadas por ley a obedecer
a su marido y necesitar su permiso para casi todo. La ley consideraba a la
mujer casada como un menor o un incapaz.
La misma María Telo conoció el
aire fresco que llegó para los derechos de las mujeres con la II República. Accedió a la carrera de Derecho, y sufrió en carne propia, cómo
todos los derechos reconocidos desaparecían cuando el franquismo situó el lugar de la
mujer en el hogar y legisló en consecuencia. A las mujeres no se les permitía
ser notarias, como ella quería, pero tampoco se le permitían otras muchas cosas.
No había ni hay explicación jurídica, histórica, religiosa o social que permita
entender cómo por la mera cuestión de azar cromosómico se puede vilipendiar a la mujer.
Ella optó tenazmente por lograr
el cambio en el Código Civil y consiguió para todas nosotras la igualdad jurídica. Las mujeres casadas
alcanzaron, gracias a ella, la mayoría de edad y pudieron abrir cuentas
bancarias, aceptar herencias, trabajar y disponer de sueldo sin permiso,
administrar los bienes gananciales entre otras cosas. Y siguió trabajando en
esta dirección del cambio y la igualdad siempre.
Hoy esto nos parece que siempre
estuvo ahí, pero no hace tanto tiempo. Preguntad a vuestras madres o abuelas. Debemos
recordar, admirar y agradecer los logros que para nosotras dejaron mujeres como
María Telo (entre tantas maravillosas mujeres).
Hacen falta personas valientes y
lúcidas, que apuesten por cambiar las injusticias. Que se les meta entre ceja y
ceja que lo que hoy parece una locura, en unos años será como si siempre
hubiera estado ahí y no se concebirá de otra manera.
Luchemos para hacer de
nuestro futuro un lugar mejor.
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