jueves, 7 de mayo de 2015

Entre ceja y ceja



Por una cuestión de puro azar, mi par cromosómico es XX, y esto, a mi pesar, sé que influye, más de lo que desearía, en las relaciones sociales y laborales.


Me gusta pensar en los jóvenes como en nuestro futuro, que lo son, y que algún día vamos a aprender a respetarlos, y lo que para mí es más importante, les vamos a dotar de herramientas reales y posibilidades para lanzarlos al mundo, dejar que desarrollen sus proyectos vitales y nos hagan avanzar a todos. 

Sin embargo, me tropiezo con realidades como que uno de cada tres jóvenes (según este estudio yo ya dejé de ser joven hace unos años) ve normal controlar a tu pareja en horarios, relaciones con familia y amigos, tu vestimenta, estudios, trabajo o lo que hacer o no.

Este vistazo al futuro hace que me vea en la necesidad de tender la mano al pasado, que parece tan lejano y que sin embargo fue antes de ayer. A veces es importante dar un contexto a la realidad en la que vivimos, ya que conociendo las estructuras y valores sociales anteriores, podemos analizar su influencia en la sociedad actual, que es lo que la historia ha hecho de nosotros.

Quiero que esta entrada sea un homenaje a aquellas personas a las que se les “metió entre ceja y ceja” cambiar las cosas. Aun sufriendo en sus propias carnes injusticias sin explicación, no cayeron en el desaliento y lucharon para que hoy todos disfrutemos con normalidad, lo que en su tiempo era una auténtica revolución, una locura y, posiblemente, hasta un delito.

Con esa expresión “entre ceja y ceja” resumía María Telo su constancia para cambiar algo que para ella era un sinsentido. No hace tanto que las mujeres estaban obligadas por ley a obedecer a su marido y necesitar su permiso para casi todo. La ley consideraba a la mujer casada como un menor o un incapaz.

La misma María Telo conoció el aire fresco que llegó para los derechos de las mujeres con la II República. Accedió a la carrera de Derecho, y sufrió en carne propia, cómo todos los derechos reconocidos desaparecían cuando el franquismo situó el lugar de la mujer en el hogar y legisló en consecuencia. A las mujeres no se les permitía ser notarias, como ella quería, pero tampoco se le permitían otras muchas cosas. No había ni hay explicación jurídica, histórica, religiosa o social que permita entender cómo por la mera cuestión de azar cromosómico se puede vilipendiar a la mujer.

Ella optó tenazmente por lograr el cambio en el Código Civil y consiguió para todas nosotras  la igualdad jurídica. Las mujeres casadas alcanzaron, gracias a ella, la mayoría de edad y pudieron abrir cuentas bancarias, aceptar herencias, trabajar y disponer de sueldo sin permiso, administrar los bienes gananciales entre otras cosas. Y siguió trabajando en esta dirección del cambio y la igualdad siempre.

Hoy esto nos parece que siempre estuvo ahí, pero no hace tanto tiempo. Preguntad a vuestras madres o abuelas. Debemos recordar, admirar y agradecer los logros que para nosotras dejaron mujeres como María Telo (entre tantas maravillosas mujeres).


Hacen falta personas valientes y lúcidas, que apuesten por cambiar las injusticias. Que se les meta entre ceja y ceja que lo que hoy parece una locura, en unos años será como si siempre hubiera estado ahí y no se concebirá de otra manera. 

Luchemos para hacer de nuestro futuro un lugar mejor.

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