viernes, 12 de junio de 2015

La teoría del punto gordo





Quiero exponer la teoría que un  profesor nos explicó un día y que él llamó la “Teoría del punto gordo”. 


Son esas valiosas enseñanzas que te llevas a casa, junto con un volumen inagotable de folios. Enseñanza a la que ahora saco todo su jugo. La teoría era sencilla, pero como todo lo que es sencillo, encerraba una gran complejidad. 

Si representamos el conocimiento que tiene una persona como un círculo, teniendo en cuenta que todo el conocimiento que se posee está dentro de ese círculo y todo lo que se desconoce está fuera, tenemos una circunferencia que separa lo que sabemos de lo que aún nos queda por saber. Cuando ampliamos nuestro conocimiento, el círculo se hace cada vez más grande y así su circunferencia, por lo que cuanto más sabemos, más aumenta lo que nos queda por saber. Pero no siempre aumenta igual nuestra inquietud por conocer.

El volumen de información al que hoy tenemos acceso puede ser abrumador, tanto que el espacio que queda fuera de la circunferencia puede ser infinito. Nos puede crear la sensación de que podemos saber más de lo que queremos saber y tener más información de la que hemos obtenido nosotros mismos por nuestro propio contacto con la realidad, nos puede producir vértigo.

Aquí se plantea el reto. Cómo analizamos esa información, cómo la interpretamos, pero sobre todo, quién y cómo la gestiona.

Siempre acabamos acudiendo a herramientas que nos permiten desenmarañar la información y extraer conocimiento de estos datos objetivos (que no siempre son tan objetivos porque sufren de cierto arte de manipulación), pero ¿qué ocurre cuando estos instrumentos fallan, no son fiables o están intencionalmente direccionados a un fin subjetivo?

Si tenemos los datos que reales y son los que son, pude que nos fallen otras cosas. ¿Tenemos toda la información o nos esconden bajo las alfombras la suciedad que no quieren que conozcamos? ¿cuál es la dirección que hay detrás de esas interpretaciones? ¿cuál es el interés de una verdad a medias, que es siempre una mentira, de ocultar cosas o de interpretarlas de manera sibilina? La ignorancia sólo tiene el camino de la sumisión que nos hace rehenes de la voluntad  de otros, de supersticiones y mitos, y sólo se combate con el conocimiento, que empodera a la persona y al colectivo.

Dar herramientas para desarrollar la inteligencia y permitir el acceso a la información son la base para conseguir la innovación y el progreso que hacen avanzar al mundo. ¿A quiénes no les puede interesar esto? Pues hay a quien no lo interesa y se han empeñado en atentar contra la formación y la información.

Ser consciente de qué tipo de observador de la realidad somos o queremos ser, nos permitirá el cambio más importante, ya que lo primero es el conocimiento de uno mismo, para comenzar la transformación de la realidad que nos rodea.

Los conceptos de ética, moral, justicia, equidad, libertad, honestidad y otros tantos, entran en juego porque es importante que las herramientas que tenemos a nuestro alcance para desentrañar información, nos permitan ser críticos y no meras marionetas de los que manejan el conocimiento y nos facilitan los instrumentos para analizar la información.

¿Quién puede negar el valor del conocimiento? Tenemos el compromiso moral de hacer que nuestro punto sea cada vez más gordo. Como dijo Bacon: "El conocimiento es poder" y ellos lo saben.

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