Quiero exponer la teoría que un profesor nos explicó un día y que él llamó la
“Teoría del punto gordo”.
Son esas valiosas enseñanzas que te llevas a casa,
junto con un volumen inagotable de folios. Enseñanza a la que ahora saco todo
su jugo. La teoría era sencilla, pero como todo lo que es sencillo, encerraba
una gran complejidad.
Si representamos el conocimiento que tiene una persona como
un círculo, teniendo en cuenta que todo el conocimiento que se posee está
dentro de ese círculo y todo lo que se desconoce está fuera, tenemos una circunferencia
que separa lo que sabemos de lo que aún nos queda por saber. Cuando ampliamos
nuestro conocimiento, el círculo se hace cada vez más grande y así su
circunferencia, por lo que cuanto más sabemos, más aumenta lo que nos queda por
saber. Pero no siempre aumenta igual nuestra inquietud por conocer.
El volumen de información al que
hoy tenemos acceso puede ser abrumador, tanto que el espacio que queda fuera de
la circunferencia puede ser infinito. Nos puede crear la sensación de que
podemos saber más de lo que queremos saber y tener más información de la que
hemos obtenido nosotros mismos por nuestro propio contacto con la realidad, nos
puede producir vértigo.
Aquí se plantea el reto. Cómo analizamos esa información, cómo
la interpretamos, pero sobre todo, quién y cómo la gestiona.
Siempre acabamos acudiendo a herramientas que nos permiten
desenmarañar la información y extraer conocimiento de estos datos objetivos
(que no siempre son tan objetivos porque sufren de cierto arte de
manipulación), pero ¿qué ocurre cuando estos instrumentos fallan, no son
fiables o están intencionalmente direccionados a un fin subjetivo?
Si tenemos los datos que reales y son los que son, pude
que nos fallen otras cosas. ¿Tenemos toda la información o nos esconden bajo
las alfombras la suciedad que no quieren que conozcamos? ¿cuál es la dirección
que hay detrás de esas interpretaciones? ¿cuál es el interés de una verdad a
medias, que es siempre una mentira, de ocultar cosas o de interpretarlas de
manera sibilina? La ignorancia sólo tiene el camino de la sumisión que nos hace
rehenes de la voluntad de otros, de
supersticiones y mitos, y sólo se combate con el conocimiento, que empodera a
la persona y al colectivo.
Dar herramientas para desarrollar la inteligencia y
permitir el acceso a la información son la base para conseguir la innovación y
el progreso que hacen avanzar al mundo. ¿A quiénes no les puede interesar esto?
Pues hay a quien no lo interesa y se han empeñado en atentar contra la formación y la información.
Ser consciente de qué tipo de observador de la realidad
somos o queremos ser, nos permitirá el cambio más importante, ya que lo primero
es el conocimiento de uno mismo, para comenzar la transformación de la realidad
que nos rodea.
Los conceptos de ética, moral, justicia, equidad, libertad,
honestidad y otros tantos, entran en juego porque es importante que las
herramientas que tenemos a nuestro alcance para desentrañar información, nos
permitan ser críticos y no meras marionetas de los que manejan el conocimiento
y nos facilitan los instrumentos para analizar la información.
¿Quién puede negar el valor del conocimiento? Tenemos el compromiso moral de hacer que nuestro punto sea cada vez más gordo. Como dijo Bacon: "El conocimiento es poder" y ellos lo saben.
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