domingo, 19 de enero de 2020

domingo, 31 de marzo de 2019

De pueblo por dentro.





Me gustan los pueblos pequeños. Va en mi ADN y mi DNI dice que nací en uno de ellos.


No es cierto. Nací en el hospital de referencia. Pero mi padre sí nació en el pueblo, ayudado por la tía Juana Calderón. El chacho José, el Sierra, igual te sacaba una muela que te cortaba el pelo. Mi abuelo, guardia de asalto y cartero de La Ñora, vivía según el clima y las necesidades de sus tierras y cultivos. La vida pasaba acorde a la época de siembra, los riegos, la siega, la recolecta... Se vivía mirando al cielo, cuidando el río, criando animales. Se era respetuoso con la tierra porque te lo daba todo. Trigo para el pan o  alimento para las bestias. Los molinos los movía el río, los productos se conservaban manufacturados en casa, surgían pequeñas empresas familiares que daban trabajo a aquellos que no disponían de tierra, se intercambiaban productos, se cosía y arreglaba toda clase de ropa, se hacían remiendos, no existía la cultura de lo desechable con trabajos como el de alañador y paragüero.  Artesanía, pequeños comercios, venta ambulante. Era muy importante cuidar la comunidad, el hoy por ti y mañana por mí. Y en este círculo se movía el respeto y el sentido de los pueblos.

Mis raíces están atadas a mi pueblo. Soy facorroca porque mi padre y mi abuelo son facorroques. Igual podría haber sido más de la “Catalina la del Campo”, pero en mi caso es innegable que soy facorroca. Me gusta que en mi pueblo se siga llamando a la gente por el apodo de la familia y por esos otros que siguen surgiendo con las nuevas generaciones. Me gusta que me sigan preguntando: “Nena, ¿y tú de quién eres?”, cuando paseo por las calles.

Hoy sólo veo en mi pueblo, mucha gente mayor y generaciones que ya no encuentran opciones, como en casi todos los pueblos pequeños. Uno vive donde trabaja y trabaja donde vive, si no puedes hacer una de las dos cosas hay que buscar un remedio y suele pasar por la opción de buscar la puerta de salida.
No hablo de Teruel, ni del interior de Soria. Hablo de esos pequeños pueblos que vivían de su huerta, de su fábrica, de sus cultivos de secano, de su cabra murciana. Hablo de los pequeños comercios creados alrededor de la vida y las necesidades de un pueblo. 




Cada domingo tengo la suerte de pasear con mi padre que me cuenta batallitas, me enseña los lugares de su infancia, me muestra sitios históricos o descubrimos otros que nos maravillan o nos disgustan y yo no puedo sino preguntarme cómo es posible que no seamos capaces de valorar la importancia de nuestras raíces (tierra o personas).




La otra mañana vi campos de trigo y amapolas que crecían entre espigas. Hacía mucho que no veía amapolas en el trigo, o en ningún sitio. (“Antes se veían muchas más” me dice mi padre). Vi flores de almendro y de otros árboles de fruta de hueso. Puro espectáculo. Vi olivos. Vi el secano como hacía tiempo no lo veía. Vi una huerta muerta y otra que sin estar en su esplendor, aún mostraba su potencial. Vi tierras con abundantes rastros de poblaciones y culturas prehistóricas,  germen de lo que hoy somos. Nuestra historia.

Cómo no somos capaces de poner en valor y cuidar nuestro patrimonio, nuestros lugares, la cultura, la artesanía, nuestra  forma de ver y vivir la vida. ¿Cuándo nos encerramos en el egoísmo y olvidamos la identidad comunitaria? Cómo nos podemos olvidar de lo completa que es nuestra comida. Cómo podemos dejar morir los pueblos con promesas vacías, sospechas casi certeras de picaresca y un abandono total.

Infraestructuras mediocres, carreteras lamentables, inversiones inexistentes, sospechas de pozos ilegales, ríos secos, fábricas vacías, huertas desérticas, no hay empresas, sin trabajo, cada vez hay menos servicios y de peor calidad, con opciones de ocio escasas y un pueblo dividido por unos supuestos ideales que no hacen sino enfrentar a vecinos y familias. Así los jóvenes prefieren, cómo no, las facilidades y anonimato de las ciudades, dejando tras de sí territorios envejecidos con esperanza de vida muy corta. Para ver eso no hay que irse lejos,  sólo hay que visitar los pueblos pequeños de nuestra región que se las ingenian para sobrevivir con escaso éxito.

Habría que localizar y dotar a los pueblos de posibilidades económicas, retomar el sector primario (básico para la vida) con actividades agropecuarias diversificadas, que crearían puestos de trabajo y reducirían la dependencia de un mercado agrícola mundial que es un disparate. ¿Por qué no ser ecológicos y sostenibles? ¿Por qué no potenciar además del turismo rural, una vida rural?  Ideas locas.



Volviendo a la parta emocional, me encanta mi pueblo, su historia, sus calles y sus gentes (que son las mías porque me corre por las venas). Adoro las artesanías de esparto (como las que hacía mi abuelo), el encaje de bolillo, los bordados y el ganchillo de mi madre, admirar fósiles de otras eras en el Portillo o ir a coger tallos en los Brazos, para hacerlos encurtidos al estilo tradicional, como se ha hecho siempre. Me encanta el guiso de trigo con hinojos, me apasiona caminar por los increíbles bad lands al otro lado del río  que son lo más parecido a estar en la luna que podrás encontrar en la tierra. Y podría decir mil cosas que me encantan de mi pueblo, que con sus mil defectos, forma parte de mí.

Volvamos la vista a los pueblos, a sus gentes y su patrimonio, no por el turismo (que también), sino porque la cultura de lo rural conserva valores perdidos y siento que en su esencia está el adelanto y empuje que necesitamos.








miércoles, 27 de febrero de 2019

El camino es mejor a tu lado.



La condescendencia, en una de sus acepciones, hace referencia al deseo de complacer o acomodarse a la voluntad de otra persona, pero es en su otro sentido en el que me detengo, en esa amabilidad forzada que nace del sentimiento de superioridad.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Escuchando a un Secretario (Parte II)

Érase una vez un Secretario de Estado informando de cuáles eran las líneas de trabajo y principales retos sociales que estaba afrontando el Ministerio. Manifestó este señor que otra preocupación era la desigualdad entre mujeres y hombres.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Escuchando a un Secretario (Parte I)



Érase una vez un Secretario de Estado ante el respetable público, informando de cuáles eran las líneas de trabajo y principales retos sociales que estaba afrontando el Ministerio. Manifestó este señor que la primera preocupación era la proyección demográfica. Cómo revertir la tendencia desoladora de una pirámide invertida que no nos da el suficiente miedo.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Generaciones.






Por ridículo que me parezca encasillar a un grupo de gente heterogéneo en una letra, a mí me tocó la X. 

miércoles, 31 de mayo de 2017

Como si fuese normal...

Cuando llegues dame un toque. Espero aquí  hasta que entres en el portal. No vuelvas tarde. Pídele a alguien que te acompañe.  Así estaré más tranquila.

miércoles, 10 de mayo de 2017

... Y le creció una corbata...



Me gustaría estar pensando en otra imagen pero cuando veo las noticias sólo vienen a mi cabeza animalitos sonrosados retozando sin pudor en sus charcas de barro.

martes, 25 de abril de 2017

Miedo



Miedos. Todos tenemos los nuestros. Y menos mal que sabemos lo que es el miedo porque vivir sin él nos haría temerarios, camicaces y carne de tumba. 

martes, 7 de febrero de 2017

Que no tengan pretensiones



Todo el mundo pasó por encima de la noticia. Tampoco era tan importante. Para mí, un jarro de agua fría por ser un paso atrás. Otro más.

martes, 31 de enero de 2017

Un traje para vender imagen

Muchos de nosotros trabajamos (por suerte) contratados en alguna empresa y en mayor o menor medida nos hemos familiarizado con el concepto Responsabilidad Social Corporativa (RSC). ¿Qué es eso?

martes, 24 de enero de 2017

domingo, 18 de diciembre de 2016

HASTA QUE CAMBIE EL TIEMPO SI ES QUE CAMBIA

                                             Resultado de imagen de mary poppins

A los que, como yo, nacimos en esa década extraña que nos ha hecho hijos de ninguna generación o puente intergeneracional.
  

miércoles, 12 de octubre de 2016

Cuando el río no suena...




Todo el mundo debería poder sentirse de algún sitio. Yo tengo la suerte de sentirme de allí donde son mis raíces. Ese lugar de los recuerdos de la infancia de mis padres y de la vida de mis abuelos.

lunes, 3 de octubre de 2016

Cuando nadie espera a nadie





Estamos escribiendo la historia que estudiarán las generaciones que vengan detrás de nosotros. Los hechos de estos meses locos serán recordados para siempre. “¿Te acuerdas de aquella vez que tuvimos que votar tantas veces para tener gobierno?”

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Que se arranque la tristeza



Hace unos días aprovechaba las largas horas, mecida por el balanceo del tren que me llevaba a casa, para meterme de lleno en una lectura que me resultó sorprendente, no por su contenido en sí, sino porque me llevó a reflexionar sobre la capacidad que tenemos de no aprender nada de nuestra historia. 

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