lunes, 3 de octubre de 2016

Cuando nadie espera a nadie





Estamos escribiendo la historia que estudiarán las generaciones que vengan detrás de nosotros. Los hechos de estos meses locos serán recordados para siempre. “¿Te acuerdas de aquella vez que tuvimos que votar tantas veces para tener gobierno?”



Es como aquella pregunta que se hace con frecuencia: ¿Dónde estabas tú el 23 F?
A mí me faltaban meses para nacer. Soy de la generación que tuvo su infancia en los 80 y su adolescencia en los 90. Crecí con las dificultades de una familia de clase media que llegaba a fin de mes a duras penas. Con todas las necesidades cubiertas con mucho sacrificio, sin estridencias ni lujos. En estos años he visto un país acostumbrado a moverse en la cuerda floja, haciendo equilibrios entre crisis y crisis.

Mis padres me han descubierto un país que se movía porque gente como ellos lo movían, porque eran el presente y buscaban un futuro. Así he podido acercarme al cambio de una forma de gobierno a otro. Transición de la que soy hija pero que no viví porque yo ya nací en democracia. Me descubro ante todos esos hombres y mujeres que hicieron posible que yo hoy pueda estar escribiendo estas letras sin miedo. Me descubro ante mis padres que se dejaron la piel para que nunca me faltara lo que a ellos les faltó, para que nunca viviera lo que ellos vivieron. La gratitud será infinita. 

Aún así, me resulta doloroso darme cuenta de que aunque nosotros no somos los de entonces, hay cosas que no han evolucionado con nosotros. Cosas que merecían una profunda reflexión que nunca llegó. Cosas que han seguido igual. A veces es como si el tiempo no hubiera pasado. Pero sí, el tiempo ha pasado y resulta que los que hacía treinta años éramos el futuro de este país, ahora somos su presente y yo no me siento ni representada ni escuchada por los que siguen haciendo vieja política o por los que se acercan a ella con aires renovadores para morir en viejas y obsoletas formas de hacer.  
Siguen marcando nuestra vida aquellos que no han sabido reflexionar y aprender algo de todas las cosas que han pasado en los últimos años. Que no conocen la calle y sus gentes, la realidad de esos para los que trabajan. Cuándo todo se convirtió en “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Cuando los que dicen querer coser son los que hace poco se dedicaban a hacer girones. Todavía seguimos queriendo gobernar a golpe de miedo y no hay nada más paralizante y más incontrolable que el miedo. Todavía hay quienes creen que pueden seguir marcando este paso, y se sorprenden de que las cosas se desmanden.

Hay fracturas más serías, y aunque para mí sí es sorprendente que sigamos dormitando después de tanto varapalo, nadie podrá alegar ignorancia cuando tantas manos siguen destruyendo. Todo llega a su  límite antes de explotar. Espero que no lo busquen por si lo acaban encontrando.

Como si alguien quisiera que viviéramos para siempre en la eterna Transición. Como si no tuviéramos bastantes problemas hoy, en muchas ocasiones, creados por gente que piensa en otra época, en privilegios y privilegiados, en mentores y protegidos, en derechos y obligaciones entendidas de diferente manera según a quién se apliquen.

Dejémonos avanzar hacia el futuro y salir de este estancamiento sin tener que clavar la rodilla, guardar pleitesías, sacar algo a cambio o seguir muertos de miedo. Seamos críticos y constructivos. Comencemos a respetarnos, por diferentes que seamos y hagamos que la historia de España se escriba hacia la modernidad y deje de vivir añorando y temiendo el pasado. Perdamos el miedo a lo bueno por conocer, que de lo malo conocido ya estamos bien servidos. Se trata de RESPETO, que ya casi hemos olvidado su significado y de MEMORIA, que hasta esta situación penosa no se ha llegado por arte de magia. Algo habrá que aprender.


Sin ideas renovadoras dirigidas y orientadas por gente con la valentía de afrontar la realidad, sólo nos mantenemos en conservadurismo e inmovilismo que hace que estemos en ese puerto de crispación y desidia del que hace tiempo debimos partir. 

Y mientras tanto, aquí seguimos, en esta sala de espera cuando ya nadie espera a nadie.

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