martes, 31 de marzo de 2015

Démonos tiempo


¿Qué demonios estamos haciendo con nuestro tiempo? Hace poco y como una sacudida,  descubrí la capacidad que tiene el ser humano de perder lo más valioso que tiene. Su tiempo. Tiempo que inviertes en ti, tu familia, tus amigos, tu trabajo…

Perder tu tiempo es una de las mayores faltas de respeto hacia tu persona y hacia los demás si lo que no valoras es el tiempo que te dedican. Estamos inmersos en una espiral difícil de frenar. ¿Has pensado qué haces desde que te levantas?

La gestión del tiempo es una de las lecciones más importantes que no sólo deberíamos aprender individualmente. Hay muchas horas del día que nos vemos obligados a pasar en nuestro puesto de trabajo. ¿Y desde cuándo esto se traduce en mejores resultados? Bueno, depende, ¿cuál es tu pantalla del Candy Crush o cuántos puntos tienes en el Solitario?

Es lamentable que algunas empresas sigan haciendo prevalecer la presencia, con horarios interminables, por encima de la eficiencia. Y la crisis, que debería haber sido un punto de inflexión y una oportunidad para replantearnos nuestra manera de ver y hacer las cosas, ha producido el efecto contrario y nos hemos dejado robar hasta lo más valioso que tenemos, nuestro tiempo.

El miedo nos ha hecho abrazar la sumisión al poder que nos impone estos modelos obsoletos y anclados en el pasado más retrógrado, pero es hora de dejar de sostener este pensamiento.

Hay quienes creen que la flexibilidad sólo alimenta la desorganización y por eso se sigue premiando la presencia. Sin embargo, si estás obligado a respetar un determinado número de horas, dejando de lado la calidad de tu trabajo, ¿dónde está la motivación? Tu cabeza vuela a todas esas cosas que tienes que hacer cuando salgas y para  casi todo, te falta tiempo. Trabajo mediocre, absentismo, vida personal insatisfactoria, imposibilidad de elegir un modelo de vida, de familia, etc. ¿Y si cambiásemos la presencia por la eficiencia? ¿Y si trabajásemos por objetivos? ¿Y si fuera posible conciliar?

Pasar más horas de las debidas en el trabajo, no es un acto de entrega a tu empresa, es una pérdida de tu tiempo y puede que suponga un coste económico innecesario por las horas extras invertidas.
Creo que las cosas pueden hacerse de manera diferente y hay muchas ideas en el aire para quienes quieran oír. Como organización, hay que invertir en aquello que te va distinguir y eso es el capital humano, que si está motivado, formado, comprometido y feliz, da lo mejor de sí y es el motor que te hace competitivo. 

Se pueden flexibilizar horarios, se pueden adoptar medidas para conciliar la vida personal y laboral y conseguir con ello un mayor compromiso sin estar obligados a renunciar a otras cosas, porque a lo que renunciamos es a nuestra propia libertad. Se nos debe permitir realizarnos como personas fuera del trabajo y desarrollarnos dignamente como personas dentro de él.

Respetemos nuestro bien más preciado e invirtamos con cabeza para dejar de ser esclavos del tiempo de otros. 

Es nuestro momento.

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