Estoy mirando por la ventana y
llueve. Aquí donde vivo, cuando llueve desaparecemos de las calles, nos escondemos
y la vida se para debajo de una manta en el sillón. Y desde ahí hoy quiero
hacer un poco de turismo.
¿Qué sabemos de Panamá? Se sitúa
en sureste de América central y su territorio es el istmo que une América del
Norte con América del Sur. Tiene un Índice de Desarrollo Humano alto al igual
que su capacidad de desarrollo
económico. Su canal influye directamente en el comercio mundial por estar
estratégicamente situado entre océanos.
¿Por qué hablamos hoy de este
país? Panamá guardaba un secreto que ha sido desvelado a bombo y platillo. Escondía
los trapos sucios de grandes fortunas que evitaban pagar impuestos en sus
países y la desvergüenza de las arquitecturas fiscales levantadas para evadir
impuestos. El castillito de naipes se derrumba y nos sacan los colores. Ahora
nos arrancamos por bulerías y se nos llena la boca de indignación y excusas. Me
sorprendo con la dimisión del primer ministro islandés (me sorprendo porque en
aquí lo de las dimisiones por responsabilidad política es utópico). Hoy es
Panamá la que nos recuerda que los seres humanos no somos y jamás seremos
iguales.
Nos podremos llenar la boca mil veces hablando de derechos y
obligaciones y luego coger sólo los que me interesan. Algunos entienden la legislación
y las obligaciones como un menú a la carta: Ahora esto me apetece, ahora eso
no. Y todos queremos explicaciones. Unos se preguntan cómo han sido posibles
las filtraciones y quieren cabezas porque esperaban que esto nunca se supiese.
La imagen lo es todo pero mi dinero es mío y los impuestos que los paguen
quienes no pueden permitirse defraudar. Sin embargo todos queremos carreteras
decentes, que nos recojan las basura o una cartera cultural maravillosa, pero
los impuestos que los paguen otros. Otros se preguntan cómo puede tener la
gente tan poca vergüenza y respeto.
Hoy
son los poco originales “Papeles de Panamá”, pero cuántos secretos offshore esconderán las cajas fuertes de
tantos otros países. Cuando las barbas del vecino veas cortar…
Nos vamos ahora a Turquía.
Situada en la península de Anatolia y Tracia, acoge la frontera natural de los
estrechos del Bósforo y los Dardanelos, que separan Asia de Europa. Turquía
tiene Índice de Desarrollo Humano alto y al estar estratégicamente situada tiene
una posición privilegiada tanto política como económicamente.
Para los escépticos que pensaban
que la maquinaria legal de Europa no se pone en marcha con rapidez y eficacia
os diré que estabais equivocados. Sí que lo hace, pero para amenazar, ahogar,
sancionar, retirar fondos, generar desigualdades, levantar vayas, cerrar
fronteras, esquivar ilegalidades, pisotear todas las bases sobre las que Europa
construyó sus cimientos y violar de forma sistemática Derechos Humanos. ¡Viva
el consenso comunitario!
¿Quién dijo que habíamos
aprendido algo de solidaridad de las crueles guerras en el viejo continente? Los
países de la Unión y sus instituciones fueron incapaces de tratar un problema
con humanidad, solidaridad y sentido común. Se optó por ignorar el asilo, por
hacinar seres humanos y ahora se opta por devolver a personas a lugares en
conflictos de los que salieron huyendo de la guerra y el hambre.
Europa ha decido convertirse en
juez y verdugo por la salvaguarda de un sistema que ya estaba en entredicho
mucho antes de los refugiados y ahora, con ellos, solo constatamos que estamos
ante otra de las páginas negras de la historia del viejo continente. Como dije,
los seres humanos no somos y jamás seremos iguales. Si ser de países nórdicos o
de países mediterráneos te presenta como ciudadano de primera o segunda, el
consenso es unánime cuando se decide que hay que actuar como una mafia, y ahí
sí estamos todos. La familia es la familia.
Miro a Turquía y veo llegar desde
Grecia a los primeros refugiados invitados a salir, con su historia, su miedo y
sus heridas abiertas que nadie sabe cómo cicatrizarán.
Poner dinero encima de la mesa y
esperar que otro haga el trabajo sucio debería habernos avergonzado, pero le
hemos dado un baño de “legalidad” y nos hemos felicitado por nuestra gran
determinación.
Se nos ocurren cosas como hipotecar generaciones, comprar socios
estratégicos, abrir mercados a cualquier precio o incluso mercadear con vidas
humanas, porque somos de lo más ocurrente, pero sé que aún no se nos ha
ocurrido todo y que quedan sorpresas, de esas que dejan con la boca abierta y
el corazón encogido. De las que demuestran que seguimos sin haber aprendido absolutamente
nada.
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