El toque de atención que desde
Europa han dado a España con los presupuestos generales, ha sido interpretado
como una valoración sesgada por la inclinación política del portavoz. Yo, de
manera muy sesgada también, lo interpreto como una patada en el culo.
Los presupuestos que se presentan,
se aceptarán desde Bruselas con todos los matices para poder decirnos “ya os lo
dijimos”, pero tendrán que ser corregidos según las directrices marcadas. La
patata caliente la tendrá encima de la mesa el próximo gobierno; la excusa
perfecta para romper todas las promesas que se hagan en campaña.
Mientras el gobierno se pone la medalla
del presupuesto social pre-electoral, Europa nos agua la fiesta y nos habla del
maldito compromiso adquirido con el déficit. No nos engañemos, estamos
intervenidos. Los presupuestos se hacen en Europa, por muy mal que le venga a
la campaña electoral, y seguiremos presos de las políticas de austeridad
ordenadas desde el viejo continente.
Y no, con Zapatero no fue mejor,
porque aquellos también olvidaron decir la verdad cuando la “desaceleración económica”
y analizar una realidad que nos permitiera tomar medidas que no dejasen a
España en el estado de coma en el que está.
No, señor Rajoy, el paciente no
está mejor.
Objetivo: Reducir la deuda
pública.
Cómo: Destrozando toda la economía del bienestar.
Resultado: La deuda pública no se ha reducido, no hay bienestar que valga y hemos creado nichos de mercado para privatizar.
Beneficiados: Los de siempre.
Desde que la burbuja inmobiliaria
pinchó, (el gran milagro económico de los hoy repudiados), hemos ido vagando
por el desierto en busca de un modelo económico
que hiciera repuntar la economía. Tras la reforma laboral, las amnistías
fiscales, el régimen de impuestos y el empeño en seguir anclados en un modelo económico
sin base productiva, hemos logrado desigualdad y toda clase de injusticias. Mejor
no hablar si eres mujer.
Los impuestos, que serán más de
los anunciados y que sostienen al país,
los pagan las familias, pequeñas, medianas empresas y autónomos, que sufren un
recorte en su poder adquisitivo y su capacidad de ahorro y se les pide que se
abran fondos de pensiones y seguros médicos... ¿En serio?, ¿Con qué sueldos?,
¿Con qué clase de trabajos? No es cierto que el paro baje, el mismo trabajo se
ha troceados por horas. No es cierto que el PIB suba, se contabiliza de forma
diferente, (pero las estadísticas son importantes en época electoral aunque
sean mentira).
Sí, controlemos el gasto, pero
evitando sobrecostes, privilegios y sinvergonzonerías varias a costa de las
administraciones y cargos públicos y persiguiendo la gran evasión de impuestos.
Dejemos de recortar en justicia, en acceso a la vivienda, en I+D+I, en sanidad,
en educación, cultura, infraestructuras.
Parece que hemos apostado por ser
un país que busca la inversión de grandes capitales, pero estos sólo ven
interesante una oferta así si se acompaña de un régimen fiscal muy cómodo y una
política laboral que compita con los países que violan sistemáticamente los
Derechos Humanos.
Eso quiere ser España, un paraíso
fiscal con poco respeto por los derechos.
Apostar por aquello que nos da
valor es una inversión que no reporta beneficios a corto plazo, por tanto,
descartada. Pero un país que deja de invertir en lo importante es un país que vende
su futuro. En diciembre elegiremos al vendedor.

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