Pueden pensar que el título ya es
suficiente. Eso faltaba, encima insultos. Dejen que me explique.
Etimológicamente idiota hace referencia a aquel que priorizaba sus asuntos
privados y mantenía un absoluto desinterés por los asuntos públicos. ¿Nos suena
un poco mejor ahora? No sé si mejor, pero seguro que sí más familiar.
Se acercan las elecciones. Nos
vamos a ver sometidos a ese acoso constante que comienza desde el mismo momento
en que abres los ojos. Está en todas partes porque el marketing político es
cada vez más agresivo. Ahora es lo que funciona, seamos honestos,
queramos o no darnos cuenta, se están tambaleando los cimientos políticos y
quieren vendernos la moto como sea.
¡Viva la fiesta de la democracia!
Me han dado un millón de razones
para ir a votar y he de decir que desde que puedo ejercer el derecho que tengo
reconocido por la Constitución, no he fallado a ninguna cita. Sin embargo, cada
vez se me hace más difícil, más cuando llegan las elecciones y todo se inunda
del maloliente tufo de las campañas.
¿Qué nos piden? Un voto. Parece
sencillo, ¿verdad? Después de todo, la soberanía reside en el pueblo o eso dice
el librito mencionado antes. Pues no.
Nos piden un cheque en blanco y yo no firmo estas cosas. Pretenden hacerme
creer que mi voto legitima todas las decisiones que se toman durante un periodo
de cuatro años. Decisiones que se adoptan sin ningún tipo de discusión previa,
sin pedir opinión, por sorpresa y a veces con alevosía a golpe de ordeno y mando.
“Las circunstancias nos han obligado a
adoptar medidas drásticas”, “Nos
encontramos un panorama peor del que esperábamos”, “Y tú más”, “No sé nada de los
ERE”, “Confiaba en quién no debía”, "Este no es el momento de dar a conocer este proyecto" o el mejor, “Trabajamos mucho para
saquear el país”, son varios de los títulos que próximamente oirán en las
mejores tribunas.
Espero que de verdad se hayan
dado cuenta de que las cosas están cambiando y que estas pestilentes
triquiñuelas ya no funcionan -o sí-.
Hasta ahora, teníamos los programas electorales (además del bombardeo de discursos
vacíos de contenido, de políticos que estamos hartos de ver y escuchar,
políticos que no tienen ningún contacto con la realidad cotidiana de aquellos a
los que piden que les legitimen y a los que obligamos a ser cada vez más creativos, porque ya no nos creemos nada -o sí-). Esas
páginas que recogen la ideología del partido y un proyecto de gobierno con las
acciones concretas que se desarrollarán para cubrirlo. Hoy vale menos que el
papel mojado porque ha quedado claro que todo es matizable y donde dije digo…. Parece ser que pacté con el diablo cuando metí
mi sobre en la urna: “tome usted, un cheque en blanco. Haga todo lo contrario a
lo que dijo que haría y miéntanos a todos”.
Esto ni es ético ni es estético. Debería
existir un compromiso moral y hasta legal del gobierno con su programa y si se incumple,
quizá deberían preguntarnos si nos interesan las posibles soluciones o
alternativas, siempre que se nos explique el porqué de ese incumplimiento. Lo
que no puede ser,en absoluto, es que no haya consecuencia de ningún tipo.
Repito que yo no firmo cheques en
blanco. A mí me gusta pensar en la bonita teoría de que da igual a quién votes
que el gobierno surgido de esa fiesta de la democracia, gobernará para todos,
pero que gran mentira y cómo me gusta a mí
pensar en utopías.
¿Para qué sirve de verdad mi
voto? ¿No hay otras fórmulas?
¿Idiotas? Que no nos traten como tal en ningún sentido.
Continuará...

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