jueves, 13 de agosto de 2015

¿Y si fuera un faro ... responsable?





Monsanto controla el 90% de las semillas transgénicas del mundo, Microsoft tiene el 88,6% de la cuota de mercado de software informático, unas ciento cincuenta mil personas compran productos Unilever sin saberlo, Mc Donalds da cincuenta y ocho millones de comidas diarias. De las cien economías más grandes del mundo, cincuenta y una son empresas.

Estos datos no están actualizados y son los que presentan el documental que os he dejado colgado. Lo he renombrado como “No somos conscientes de que nos gobiernan las empresas”. Últimamente paso horas con la cabeza en esta temática y aunque los datos están desactualizados, lo que viene expresar no  pierde valor.

Me resultó irónico, escuchar en las noticias hace pocos días, que altos responsables de una de las empresas involucrados en la Trama Púnica habían ido a hacer un curso de ética en los negocios. ¿Son compatibles la ética y los negocios? Quiero pensar que sí, sin embargo, nada hay que hacer si el faro que ilumina a las empresas no pasa por un convencimiento absoluto de lo que implica la ética empresarial.

Una entidad ya sea pública o privada, es algo vivo con la capacidad de influir en la vida de la gente bien de manera positiva o negativa. Y en este contexto loco de capitalismo y globalización  es fácil perderse. Diluir responsabilidades y sufrir lo que yo voy a llamar la bipolaridad empresarial. Se supone que el fin último de una empresa es generar beneficios económicos, pero, ¿podemos decir hoy que es el fin único?

Después de las muchas tragedias sociales propiciadas por el codicioso fin de ganar dinero de cualquier manera de empresas, estados y particulares (todos conocemos casos sangrantes y en los datos de presentación di algunos ejemplos), se han ido adoptando medidas de maquillaje porque es un hecho que presentarse como una empresa preocupada por el medioambiente, las cuestiones sociales, una gestión económica adecuada y de buen gobierno permiten ganar algo cada vez más valioso, algo que te distingue de otros: reputación. Está demostrado que una empresa es más sostenible (ahora que todo es cambiante) si te adaptas, te reinventas y si adquieres ciertos compromisos responsables. Esto también puede medirse en términos de rentabilidad y puede ser un incentivo empresarial.

Pero aquí volvemos al quid de la cuestión a la bipolaridad mencionada antes. No sólo hay que parecerlo, también hay que serlo. La infinita pillería humana, sumada al egoísmo y la avaricia sin fin y un contexto global propicio para las empresas, en el que cada vez se protegen más sus intereses y menos los de las personas y los colectivos, hace muy fácil seguir actuando como convenga y maquillar todo lo que se pueda. Si la legislación es un poco restrictiva aquí, la empresa podrá deslocalizarse e implantar su actividad allá dónde los requisitos sean menores. Siempre podrá presumir de cumplir la ley pero, ¿podrá presumir de ética cuando allá donde produce no se respetan los derechos humanos o su actividad es perjudicial para la comunidad o el medioambiente? Necesitamos mucho maquillaje, demasiado ahora que los medios para informarse son cada vez más y más rápidos, para bien y para mal.


Sería todo más fácil si en lugar de tener una ética postiza ya viniera de serie. No habría que crear grandes obras de ingeniería para aparentar reputación. La reputación estaría.

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