En nuestro país de los idiotas nos encontramos una clase política que se siente por encima del bien y del mal.
No se ven en la necesidad de dar explicaciones y nos han hecho
normales los delitos de sinvergüenzas sin escrúpulos. Parece ser que cuando
robas mil veces y dejas que tus colegas lo hagan, ya no está tan feo. Si
aprovecho mi posición para garantizarme un puesto goloso como consejero de
algún sitio en el que haya puertas giratorias, mientras recibo cheques de los
amigos a los que hago favores millonarios, ya no está mal, porque lo hace todo
el mundo. Si no pago mis impuestos o el dinero que saqueo lo llevo a paraísos
fiscales y esto huele mal, pues legislo en consecuencia y me monto una amnistía
hecha a medida y estiro los procesos hasta el aburrimiento y me entrometo y
presiono hasta el infinito en la labor de los jueces y los trabajadores de la Hacienda Pública (que
no somos todos) logrando hacer caer a algún miembro incómodo para mis intereses.
Esto lo contamos como nos da la gana en las televisiones que pagamos todos y no
te salgas del guion que te sanciono. Púnicas, Filesas, ERE, Gürtel, Tarjetas Black,
etc. ¡Dios mío, qué aburrimiento!