miércoles, 20 de diciembre de 2017

Escuchando a un Secretario (Parte II)

Érase una vez un Secretario de Estado informando de cuáles eran las líneas de trabajo y principales retos sociales que estaba afrontando el Ministerio. Manifestó este señor que otra preocupación era la desigualdad entre mujeres y hombres.


- - “Tenemos que hablar de corresponsabilidad”-, dijo y añadió: “tenemos que dejar de ver a las mujeres, abuelas, madres, hermanas e hijas como cuidadoras”.

Ante esta declaración de intenciones esperaba una disertación que pusiera los puntos sobre las ies. Sin embargo prosiguió diciendo que comentando con sus colegas europeos se preguntaban si en sus países las mujeres no tendrían un periodo de baja tan largo que se desvinculaban demasiado de la vida laboral. Quizá en España no tengamos un periodo de baja suficiente en comparación, pero decía que había que encontrar el equilibrio. Ni tanto ni tan poco.

Yo me quedé muy inquieta porque es un hecho que desde hace tiempo está sobre la mesa una reivindicación que para este señor debe ser una locura: el permiso de paternidad/maternidad igual e intransferible.

Tal vez, la medida que implica que mujeres y hombres tengan el mismo permiso y que no puedan cederlo, no solucione el problema que existe de fondo. Se seguirán esgrimiendo las razones económicas u otras para negar esta opción. Sin embargo es innegable que sería beneficiosa tanto para la atención del niño, como para que padres y madres puedan disfrutar de la crianza de igual manera. Se busca con esta medida, entre otras cosas, que la maternidad no sea un obstáculo para la vida profesional de la mujer, que ya no será la que cargue con la responsabilidad de los cuidados familiares en las primeras semanas de maternidad. Quizá sea un paso para que comiencen a cambiar los roles, pero es sólo un paso de los muchos que hay que dar para lograr el objetivo final.

Hay demasiada gente que aún cree que el hecho de que la mujer trabaje fuera de casa, supone una merma en la educación de los niños y niñas. Puede que si las jornadas laborales no fueran eternas y sí más productivas, se podría conciliar mejor la vida familiar tanto para mujeres como para hombres; que si a la vez asumieran su parte de responsabilidad, tampoco sería necesario el sobresfuerzo y sacrificio de la mujer en todos los aspectos de su vida.

Nada garantiza que durante un permiso como el que se propone, los hombres adopten un rol distinto al socialmente establecido, ni que este suponga disminuir la discriminación laboral que sufren las mujeres, ya que los prejuicios no sólo son consecuencia de la baja maternal, puesto que hay otras razones arraigadas profundamente que si no se combaten sólo provocarán que después de esta baja paternal, el hombre se sienta de nuevo liberado de sus obligaciones con la sensación del deber cumplido y la mujer se siga haciendo cargo del cuidado familiar. Nada habría cambiado.

Si no empezamos a hablar de medidas que impliquen una óptima gestión del tiempo que permita a hombres y mujeres desarrollarse profesional, familiar y personalmente, nunca crearemos el verdadero caldo de cultivo para alcanzar la igualdad. Menos horas y más productivas harían menos necesarias las excedencias y las reducciones de jornada.

Sólo veo que caminamos en sentido contrario: más horas, reducciones de plantilla, sobrecarga de trabajo de los que aún lo conservan (más hombres que mujeres), etc.

En definitiva, que sólo sería un pequeño paso, pero sería un paso en la dirección correcta, que nuestro secretario no tuvo muy en cuenta.


Como os dije en la anterior parte, no os preocupéis que en ese Ministerio se están devanando los sesos para descubrir cómo revertir la desigualdad. Confiemos en los que saben, los señores del Ministerio. Como siempre…, así nos va de bien.

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