Érase una vez un Secretario de
Estado informando de cuáles eran las líneas de trabajo y principales retos
sociales que estaba afrontando el Ministerio. Manifestó este señor que otra
preocupación era la desigualdad entre mujeres y hombres.
- - “Tenemos que hablar de corresponsabilidad”-,
dijo y añadió: “tenemos que dejar de ver a las mujeres, abuelas, madres,
hermanas e hijas como cuidadoras”.
Ante esta declaración de
intenciones esperaba una disertación que pusiera los puntos sobre las ies. Sin
embargo prosiguió diciendo que comentando con sus colegas europeos se
preguntaban si en sus países las mujeres no tendrían un periodo de baja tan
largo que se desvinculaban demasiado de la vida laboral. Quizá en España no
tengamos un periodo de baja suficiente en comparación, pero decía que había que
encontrar el equilibrio. Ni tanto ni tan poco.
Yo me quedé muy inquieta porque
es un hecho que desde hace tiempo está sobre la mesa una reivindicación que
para este señor debe ser una locura: el permiso de paternidad/maternidad igual
e intransferible.
Tal vez, la medida que implica
que mujeres y hombres tengan el mismo permiso y que no puedan cederlo, no solucione
el problema que existe de fondo. Se seguirán esgrimiendo las razones económicas
u otras para negar esta opción. Sin embargo es innegable que sería beneficiosa
tanto para la atención del niño, como para que padres y madres puedan disfrutar
de la crianza de igual manera. Se busca con esta medida, entre otras cosas, que
la maternidad no sea un obstáculo para la vida profesional de la mujer, que ya
no será la que cargue con la responsabilidad de los cuidados familiares en las
primeras semanas de maternidad. Quizá sea un paso para que comiencen a cambiar
los roles, pero es sólo un paso de los muchos que hay que dar para lograr el
objetivo final.
Hay demasiada gente que aún cree
que el hecho de que la mujer trabaje fuera de casa, supone una merma en la
educación de los niños y niñas. Puede que si las jornadas laborales no fueran
eternas y sí más productivas, se podría conciliar mejor la vida familiar tanto
para mujeres como para hombres; que si a la vez asumieran su parte de
responsabilidad, tampoco sería necesario el sobresfuerzo y sacrificio de la
mujer en todos los aspectos de su vida.
Nada garantiza que durante un
permiso como el que se propone, los hombres adopten un rol distinto al
socialmente establecido, ni que este suponga disminuir la discriminación
laboral que sufren las mujeres, ya que los prejuicios no sólo son consecuencia
de la baja maternal, puesto que hay otras razones arraigadas profundamente que
si no se combaten sólo provocarán que después de esta baja paternal, el hombre
se sienta de nuevo liberado de sus obligaciones con la sensación del deber
cumplido y la mujer se siga haciendo cargo del cuidado familiar. Nada habría
cambiado.
Si no empezamos a hablar de
medidas que impliquen una óptima gestión del tiempo que permita a hombres y
mujeres desarrollarse profesional, familiar y personalmente, nunca crearemos el
verdadero caldo de cultivo para alcanzar la igualdad. Menos horas y más
productivas harían menos necesarias las excedencias y las reducciones de
jornada.
Sólo veo que caminamos en sentido
contrario: más horas, reducciones de plantilla, sobrecarga de trabajo de los
que aún lo conservan (más hombres que mujeres), etc.
En definitiva, que sólo sería un
pequeño paso, pero sería un paso en la dirección correcta, que nuestro
secretario no tuvo muy en cuenta.
Como os dije en la anterior
parte, no os preocupéis que en ese Ministerio se están devanando los sesos para
descubrir cómo revertir la desigualdad. Confiemos en los que saben, los señores
del Ministerio. Como siempre…, así nos va de bien.
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