Érase una vez un Secretario de
Estado ante el respetable público, informando de cuáles eran las líneas de
trabajo y principales retos sociales que estaba afrontando el Ministerio. Manifestó
este señor que la primera preocupación era la proyección demográfica. Cómo
revertir la tendencia desoladora de una pirámide invertida que no nos da el suficiente
miedo.
Era difícil entender la lógica de
ese señor, que nos hablaba con aparente preocupación de este tema, o sentir que
había alguna sinceridad en sus palabras, cuando todas las políticas que podrían
revertir esta tendencia en los últimos tiempos han ido encaminadas precisamente
en sentido contrario hipotecando, más si cabe, el futuro. Afrontar el menor
número de nacimientos, población envejecida con mayor esperanza de vida,
jóvenes que abandonan el país y políticas de animadversión contra la
inmigración es difícil y esto hace también difícil hablar de la sostenibilidad
del sistema de pensiones.
Cómo reconocer que se ha
dilapidado este fondo para sufragar otras políticas y gastos que el estado no
ha sido capaz de gestionar. Sin embargo, sería justo que ahora que dicen que la
economía va mejor, según ellos, se redirija cierta cantidad desde otras partidas
a reducir el inmenso agujero propiciado al cerdito de las pensiones (qué ideas
más tontas y si tienen huchas guárdenlas por lo que pueda pasar). Es más fácil
rescatar bancos (sin que se devuelva ese dinero) que proporcionar calidad de
vida cuando la vejez toca a la puerta. Lo gracioso es que todos vamos a llegar
a eso y lo triste es que nadie tiene garantizada su pensión después de haber
trabajado toda la vida.
¿Soluciones? Supongo que ellos creen que ahora que la
esperanza de vida es cada vez mayor, es de recibo que la edad de jubilación sea
mayor también. Igual dan los problemas de salud que a una edad avanzada se
producen (y sus consecuentes gastos sanitarios). También da igual que no haya
relevo generacional en los puestos de trabajo y si a esto sumamos que las
jornadas laborales son cada vez más largas, que no hay razón para contratar a
dos, si con uno que trabaje más horas (y si puede ser en negro ahorrándonos el
alta en la Seguridad Social) vamos arreglando.
No te quejes, como tú hay mil que
quisieran estar en tu puesto incluso cobrando menos. La economía de la amenaza,
el látigo y el yugo.
Con parte de la población
invirtiendo muchas horas del día en trabajar, cobrando sueldos que no sacan de
la pobreza y otra parte que está en paro y viviendo de ayudas (si es que aún tienen derecho) que no dan
para vivir, siempre en una constante inestabilidad, ¿quién se plantea tener
hijos y a qué edad?
Son muchas las personas que se
buscan la vida fuera del país mientras población envejecida cubre puestos de
trabajo por años en condiciones cada vez más lamentables. ¡Bendita reforma
laboral que demuestra cómo una ley puede ser legal pero no justa y todo lo que
ella nos trajo!
Las grandes empresas han
conseguido seguir amasando fortuna y aumentar beneficios a costa de muchas injusticias,
sin embargo no se ha reflejado en la creación de empleo (cuando este era el
objetivo que nos vendieron) o en el aumento de salarios para mejorar la calidad
de vida y nivel adquisitivo de la población; cada vez más envejecida, cada vez
más empobrecida, cada vez con menor bienestar social y menos servicios que
cubran sus necesidades básicas.
Con este panorama, ¿quién se pone
a tener hijos o ahorrar?
¿Cómo nos garantizamos ni privada
ni públicamente nuestra pensión?
Las buenas noticias. Una
población envejecida es por estadística una población conservadora y menos
combativa, por lo que algunos partidos políticos tienen garantizado un
importante número de votos que respalden políticas mezquinas e injustas sin
encontrar casi oposición.
Hay quien se frota las manos con
los posibles negocios que se abren: los seguros privados de salud, de vida,
pensiones, fondos de inversión…. Negocios que suplantarán la labor que debe
realizar un llamado Estado de Derecho y de Bienestar y que permitirá seguir
engordando la cuenta de los mismos, de esos pocos que son los que realmente
deciden y los que se están poniendo las botas con nuestras miserias (habrás
notado que cada vez hay más anuncios en la tele al respecto).
Las malas noticias: Todos
llegamos a viejos y nos encontraremos en una situación mejor o peor según la
peleemos.
Mientras la ciencia no nos diga
otra cosa, la vejez y la muerte son estados que nos hacen a todos iguales, pero
hasta ese momento, lo que peleemos, logremos y hasta dónde consintamos es cosa
nuestra y será lo que determine cómo viviremos nuestra vejez.
No os preocupéis que en ese
Ministerio se están devanando los sesos para descubrir cómo revertir la
tendencia demográfica. Confiemos en los que saben, los señores del Ministerio.
Como siempre…, así nos va de bien.
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