domingo, 10 de diciembre de 2017

Escuchando a un Secretario (Parte I)



Érase una vez un Secretario de Estado ante el respetable público, informando de cuáles eran las líneas de trabajo y principales retos sociales que estaba afrontando el Ministerio. Manifestó este señor que la primera preocupación era la proyección demográfica. Cómo revertir la tendencia desoladora de una pirámide invertida que no nos da el suficiente miedo.


Era difícil entender la lógica de ese señor, que nos hablaba con aparente preocupación de este tema, o sentir que había alguna sinceridad en sus palabras, cuando todas las políticas que podrían revertir esta tendencia en los últimos tiempos han ido encaminadas precisamente en sentido contrario hipotecando, más si cabe, el futuro. Afrontar el menor número de nacimientos, población envejecida con mayor esperanza de vida, jóvenes que abandonan el país y políticas de animadversión contra la inmigración es difícil y esto hace también difícil hablar de la sostenibilidad del sistema de pensiones.

Cómo reconocer que se ha dilapidado este fondo para sufragar otras políticas y gastos que el estado no ha sido capaz de gestionar. Sin embargo, sería justo que ahora que dicen que la economía va mejor, según ellos, se redirija cierta cantidad desde otras partidas a reducir el inmenso agujero propiciado al cerdito de las pensiones (qué ideas más tontas y si tienen huchas guárdenlas por lo que pueda pasar). Es más fácil rescatar bancos (sin que se devuelva ese dinero) que proporcionar calidad de vida cuando la vejez toca a la puerta. Lo gracioso es que todos vamos a llegar a eso y lo triste es que nadie tiene garantizada su pensión después de haber trabajado toda la vida. 

¿Soluciones? Supongo que ellos creen que ahora que la esperanza de vida es cada vez mayor, es de recibo que la edad de jubilación sea mayor también. Igual dan los problemas de salud que a una edad avanzada se producen (y sus consecuentes gastos sanitarios). También da igual que no haya relevo generacional en los puestos de trabajo y si a esto sumamos que las jornadas laborales son cada vez más largas, que no hay razón para contratar a dos, si con uno que trabaje más horas (y si puede ser en negro ahorrándonos el alta en la Seguridad Social) vamos arreglando.

No te quejes, como tú hay mil que quisieran estar en tu puesto incluso cobrando menos. La economía de la amenaza, el látigo y el yugo.

Con parte de la población invirtiendo muchas horas del día en trabajar, cobrando sueldos que no sacan de la pobreza y otra parte que está en paro y viviendo de ayudas  (si es que aún tienen derecho) que no dan para vivir, siempre en una constante inestabilidad, ¿quién se plantea tener hijos y a qué edad?

Son muchas las personas que se buscan la vida fuera del país mientras población envejecida cubre puestos de trabajo por años en condiciones cada vez más lamentables. ¡Bendita reforma laboral que demuestra cómo una ley puede ser legal pero no justa y todo lo que ella nos trajo!

Las grandes empresas han conseguido seguir amasando fortuna y aumentar beneficios a costa de muchas injusticias, sin embargo no se ha reflejado en la creación de empleo (cuando este era el objetivo que nos vendieron) o en el aumento de salarios para mejorar la calidad de vida y nivel adquisitivo de la población; cada vez más envejecida, cada vez más empobrecida, cada vez con menor bienestar social y menos servicios que cubran sus necesidades básicas.

Con este panorama, ¿quién se pone a tener hijos o ahorrar?

¿Cómo nos garantizamos ni privada ni públicamente nuestra pensión?

Las buenas noticias. Una población envejecida es por estadística una población conservadora y menos combativa, por lo que algunos partidos políticos tienen garantizado un importante número de votos que respalden políticas mezquinas e injustas sin encontrar casi oposición.
Hay quien se frota las manos con los posibles negocios que se abren: los seguros privados de salud, de vida, pensiones, fondos de inversión…. Negocios que suplantarán la labor que debe realizar un llamado Estado de Derecho y de Bienestar y que permitirá seguir engordando la cuenta de los mismos, de esos pocos que son los que realmente deciden y los que se están poniendo las botas con nuestras miserias (habrás notado que cada vez hay más anuncios en la tele al respecto).

Las malas noticias: Todos llegamos a viejos y nos encontraremos en una situación mejor o peor según la peleemos.

Mientras la ciencia no nos diga otra cosa, la vejez y la muerte son estados que nos hacen a todos iguales, pero hasta ese momento, lo que peleemos, logremos y hasta dónde consintamos es cosa nuestra y será lo que determine cómo viviremos nuestra vejez.


No os preocupéis que en ese Ministerio se están devanando los sesos para descubrir cómo revertir la tendencia demográfica. Confiemos en los que saben, los señores del Ministerio. Como siempre…, así nos va de bien.

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