miércoles, 27 de febrero de 2019

El camino es mejor a tu lado.



La condescendencia, en una de sus acepciones, hace referencia al deseo de complacer o acomodarse a la voluntad de otra persona, pero es en su otro sentido en el que me detengo, en esa amabilidad forzada que nace del sentimiento de superioridad.



Hoy me resultaría fácil hacer un discurso sobre la condescendencia y sobre cómo las mujeres soportamos ser blanco de ella demasiado a menudo. Cómo algunos hombres e incluso mujeres, desde la altura de su estupidez y el púlpito de su ignorancia, nos explican las cosas porque creen que no somos lo suficientemente inteligentes, formadas, dispuestas, expertas, valientes o fuertes como para entender la realidad del mundo que nos rodea. Hoy sería demasiado fácil escribir sobre la mediocridad de aquellos que desearían poder volver a subyugar mis derechos, mis obligaciones y mis opciones. Siempre por nuestro bien, porque sin la “desinteresada” supervisión de algunos, qué sería de nosotras. Seríamos animalicos perdidos en un mar de dudas, necesitadas de aprobación y permiso constante para hacer las cosas como se debe, ¡cómo Dios manda!

Sin duda, muchos hombres  se incomodarán al leer esto, pero no lo escribo para los ofendidos. Lo escribo para aquellos otros que se han subido a nuestro carro. Aquellos que han asumido que no se puede vivir contra nosotras sino que la lucha es a nuestro lado. Aquellos que han entendido que somos iguales pero que no disfrutamos en plano de igualdad de los mismos privilegios y obligaciones. Aquellos que ven cada día nuestros pequeños logros y las cabriolas que hacemos para superar los obstáculos. Aquellos que buscan allanar el camino y no seguir alimentando el mismo círculo vicioso que nos mantiene en un plano distinto como ciudadanas de segunda. Me dirijo a los que entienden que otro tipo de hombre es posible sin ser menos hombre. A ese que mira a los ojos a una mujer sin intentar dominarla o aleccionarla alimentando sus inseguridades. Aquellos que se han dado cuenta que la única actitud que vale en esta relación es la igualdad y quieren andar a nuestro lado, con nuestro mismo paso.

Pero no solo a ellos, también me dirijo a ellas, a las que todavía no han entendido qué es ser feminista y por qué hay que estar en este lado. Es sencillo. Es el único en el que cabemos todos.

Admiro a esa mujer y a ese hombre que renuncia a la tranquilidad social y no evita la confrontación cuando se trata de ser responsable y denunciar falsedades, comportamientos intolerables, actitudes arrogantes o violentas. Siempre es más fácil decir que no va con uno. Es más cómodo arrellanarnos en la silla del “no va conmigo”. ¡Qué lo haga otro! Y sin embargo, esa actitud genera una nube tóxica que impregna todo, que vicia nuestra manera de relacionarnos los unos con los otros, que nos acaba asfixiando. Nos definen nuestros actos y la ausencia de ellos por igual.

A veces me apena darme cuenta de que, ante los ojos de la sociedad, un hombre que habla de feminismo como si habla de la menstruación, es más creíble que una mujer. Ahí está el quid de la cuestión. La credibilidad. Virtud que se empeñan en negarnos. “Algo habremos hecho…”. Frase cruel.

Pero ahí seguiremos, luchando contra la condescendencia e intentando averiguar qué más debe hacer una mujer para que se nos crea. Quizá seas tú, tú que no nos crees, tú que no lo ves, quien deba cambiar su forma de mirar.

El camino es largo pero es mucho mejor si lo camino a tu lado, ya seas hombre o mujer, porque esta lucha no es solo cosa nuestra.

2 comentarios:

  1. El feminismo es el único lado en el que cabemos todos��

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las interrogaciones son un emoticono de sonrisa que no se ha recogido jejeje. No es una pregunta es una afirmación!!! Rotunda además

      Eliminar

Entrada destacada

BIENVENIDO A BARATARIA

Aprendí muchas cosas de mi paso por Barataria. ¿Has estado allí? Cuando llegué tenía claro que  la gente común no tiene cabida en gobier...