miércoles, 10 de mayo de 2017

... Y le creció una corbata...



Me gustaría estar pensando en otra imagen pero cuando veo las noticias sólo vienen a mi cabeza animalitos sonrosados retozando sin pudor en sus charcas de barro.


Gracias a mi sobrina y a su afición por Peppa Pig sé que a los cerdos les encantan los charcos de barro y disfrutan enormemente chapoteando y poniéndose perdidos de fango. Disculpen que acuda a estas referencias tan infantiles y poco fiables, pero reconozco que nunca he visto cerdos en su lodazal salvo los que últimamente salen de traje y corbata en la tele.

Hay quienes hablan de sapos y otros animalillos, yo creo que hay que dejar a los pobres bichitos en paz porque comparar los atropellos de algunas personas que se pasean sin pudor y con total desvergüenza por congresos, asambleas, juzgados, fiscalías, conventos y otras charcas, con lo que pasa en la naturaleza es absolutamente contraproducente e injusto. Pobres animalitos que no se merecen la comparación.

Hay una canción maravillosa que escuché de un maestro: “y se le dio la querencia al fin y le creció una corbata”… ¡Ay! Elemento cruel de vestimenta. Cuando por fin te sale del cuello afloran los más bajos instintos que permanecían latentes a la espera del pistoletazo de salida, del momento propicio, de la compañía adecuada y del lugar oportuno.

Cuando crece esa prenda al cuello que parece asfixiar las neuronas para permitir dar rienda suelta a la desvergüenza hasta llegar a ese punto de total y absoluta normalidad. Cuando el afectado no sólo cree que lo que hace está bien sino que consigue que todos los que vemos sus ruines actos digamos que si nos hubiera crecido a nosotros la corbata estaríamos chapoteando en ese mismo fango, así como ellos. Si es lo normal, ¿no?

Desvergüenza que te hace sentir por encima del bien y del mal. Esa misma a la que nos hemos acostumbrado con el paso tedioso de las horas frente a un televisor que no deja de reproducir las mismas noticias con mil caras diferentes. Casos de corrupción nuevos que se entremezclan con los viejos y siguen colapsando tribunales, medios de comunicación y mi capacidad de tolerar basura. Ni siquiera puedo enumerar los casos que hay abiertos por miedo a dejarme entre quince o veinte procesos sin nombrar, porque no tengo tanta capacidad para recordar.

Mañana volveré a mojar mis galletas del desayuno en los charcos de barro de los cerdos con corbata y seguiré esperando que en algún momento nos dé por reflexionar, a todas esas personas que nos levantamos cada día sin decoraciones en el cuello, y nos preguntemos hacia dónde vamos, si queremos seguir así y qué estamos dispuestos a hacer para que algo cambie si es que creemos que algo debe cambiar.

A Peppa Pig le encantan los charcos de barro, pero Peppa no deja de ser una divertida cerdita de animación y no creo necesario que acabemos todos en  el fango como ella, arrastrados por nuestros señores de corbata.


“Y se le dio la querencia al fin…”

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