miércoles, 31 de mayo de 2017

Como si fuese normal...

Cuando llegues dame un toque. Espero aquí  hasta que entres en el portal. No vuelvas tarde. Pídele a alguien que te acompañe.  Así estaré más tranquila.


¿Cuántas de estas frases no has escuchado o dicho cada día? Yo no recuerdo haber vivido sin ellas. No recuerdo el día que no se lo haya dicho a mi hermana o a mis amigas o ellas o mis padres, me lo hayan dicho a mí. Así, con total naturalidad. Como si fuese normal sentir que por ser mujer, no ir acompañada o no tener todas las alertas puestas cuando paseas sola por la calle, puedas ser una víctima en potencia de acoso. Incluso sentirte la responsable en caso de una agresión si no has seguido al pie de la letra todo el protocolo que, sin querer, hemos establecido y normalizado.

No seas simpática ni amable, no establezcas relaciones de confianza, no te quieras, ni te cuides, ni te respetes, no cometas el error de comportarte como una persona normal no sea que lo confundan con una insinuación, de las que acaban con las frases: “ella se lo buscó” o “algo habrá hecho”.

No sé en qué momento vivir con miedo se ha convertido en la forma natural que tienen de sobrevivir las mujeres. El miedo que te hace estar alerta, no bajar la guardia y que agota. Me gustaría pensar que es desproporcionado, pero esta semana desproporcionados son los hechos, la crueldad y no el miedo que ya viene con nosotras de serie. Me aterra pensar que acabemos justificando que vivir con miedo debe ser la forma normal de existir de las mujeres.

Hacernos vivir así  implica que somos más vulnerables, controlables y manipulables y siempre habrá a quien le interese tener ese control sobre nosotras y mantenernos en ese estado de continua alerta, esté o no justificada.

Hoy no quiero hablar de desigualdades, sólo me gustaría que todos se pusieran en la piel de aquella mujer que corre para llegar al portal de su casa de noche, que mira a su espalda todo el tiempo si escucha un ruido, que no puede estar sola sin sentir inseguridad o teme por su integridad física.

Quiero acordarme de aquellas dos chicas que fueron a urgencias una noche, seguidas de un tipo al que le pareció una gran idea acosarlas sexualmente en las esquinas cuando más vulnerables eran y de una de ellas que ya no vuelve a casa de noche si no la acompañan, porque se siente insegura incluso en la calle en la que vive y donde la conocen de toda la vida.

Porque ese sentimiento nos roba hasta los espacios en los que nos tendríamos que sentir seguras y protegidas y nos quita libertad de ser y vivir como queramos hacerlo.

Quiero acordarme de las que están, de las que no, de las que sufren, de las valientes, de las oprimidas, de las que luchan, de las que aún no saben que esto es un esfuerzo de todas y de los que creen que deben luchar a nuestro lado con fuerza para alcanzar la igualdad, dignidad y respeto que merecemos todos y todas para  superar las trabas que nos han impuesto por ser mujeres.


Ponte en mis zapatos y trata de caminar igual de rápido que lo hago yo cuando vuelvo a casa sola de noche y empezarás a entender de qué te estoy hablando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entrada destacada

BIENVENIDO A BARATARIA

Aprendí muchas cosas de mi paso por Barataria. ¿Has estado allí? Cuando llegué tenía claro que  la gente común no tiene cabida en gobier...