miércoles, 26 de octubre de 2016

Cosas de las que deshacerse.

Ni una menos.


No más mujeres muertas. Estamos a finales del año 2016 y me sobrecoge echar un vistazo al mundo y ver la cosificación a la que estamos sometidas. No me engaño. La situación de la mujer en el mundo es, ha sido y seguirá siendo una vergüenza y en demasiadas ocasiones silenciosa o silenciada. Cuando sólo en unos pocos lugares del mundo parecía (sólo parecía) que luchábamos por alcanzar la igualdad de condiciones, me abofetea otra vez la realidad de mujeres en la calle pidiendo que dejen de matarlas por el hecho de ser mujeres. Reclamando el derecho a ir por la calle seguras, sin miedo a ser atacadas o agredidas en cualquiera de sus formas o asesinadas por el único hecho de ser mujer.

Me inquieta pensar que hayamos dado un paso atrás y en lugar de pelear por la igualdad, por alcanzar esos espacios que nos son de difícil acceso aún en ámbitos sociales, políticos, laborales, económicos, etc., estemos reclamando el derecho de vivir y de vivir sin miedo.  Sólo veo la hipersexualización de la mujer y el tratamiento de la desigualdad como lo más natural del mundo. A fuerza de ser costumbre hemos logrado ver normales comportamientos, actitudes y comentarios que no deberían tener cabida.

Y se me ocurre mirar a mi alrededor y escuchar. Videos vejatorios grabados sin consentimiento, que se hacen virales y que disfrutamos sin pensar qué hay más allá de la imagen del móvil. Programas de televisión dedicados exclusivamente a vender esto como nuestra cultura. Hemos normalizado todo, hasta el delito. Violar sale casi gratis y parece ser que también es divertido compartirlo con los colegas y con todos aquellos que sólo ven a una guarra y a unos machotes. Porque demasiadas veces eso somos y eso son. Grotesco resumen.

 Comentarios como: “Ella lo tuvo que disfrutar”, “tiene que estar contenta porque se cepilló a dos tíos”, “mira que peras tiene”, “seguro que lo provocó”, “mírala, si es que va muy corta”, “me provocas, pienso que voy a pillar y luego me dejas con las ganas y no respondo”… 
¿No responde?, ¿Eso qué quiere decir?, ¿Que la veda está abierta? Nos van a quitar la posibilidad de decidir cuándo, cuánto, cómo y con quién, si es que alguna vez la tuvimos de verdad.

La mujer no es una cosa, ni una propiedad, ni un objeto sexual, ni una sirvienta, ni mercancía para el uso y disfrute, ni esa a la que hay que castigar y necesita correctivos por ser mujer y no sumisa. Me consta que hay a patadas engendros humanos que siguen pensando esto.

No entraré en planteamientos sociológicos de igualdad y lucha, sólo comparto mi inquietud al  pensar que a mi edad, y con todo lo que se supone que hemos evolucionado, siga teniendo que ver y oír barbaridades y aberraciones que recaen sobre las mujeres por el simple hecho de serlo. Barbaridades que oigo como algo normal entre chistes y risas a la hora de comer.


Mientras afrontamos o no la desigualdad de una manera seria e integral, deberíamos hacernos más conscientes e intolerantes con todos esos comentarios y actitudes de nuestro día a día,  aunque eso suponga tener que desaprender y volver a aprender lo que está bien y lo que no para actuar en consecuencia y con valentía.

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