miércoles, 12 de octubre de 2016

Cuando el río no suena...




Todo el mundo debería poder sentirse de algún sitio. Yo tengo la suerte de sentirme de allí donde son mis raíces. Ese lugar de los recuerdos de la infancia de mis padres y de la vida de mis abuelos.


De allí de donde los paseos por la huerta, con las historias del abuelo labrando o los haces de caña que alguien esperaba río abajo. Las baeras en las que se bañaban las gentes o el pilar donde las mujeres lavaban la ropa y socializaban.















Soy de un pueblo cuya vida y hasta su propio nombre siempre ha girado alrededor de su río. Soy de Campos del Río.


En ningún sitio como en Campos, se vive ser de una de las dos Españas de las que hablaba Machado, y en los últimos años de su historia ha sufrido, como en otros muchos lugares, el azote del egoísmo, la mala gestión y la codicia. No somos ni más ni menos que en otros sitios. Era un rinconcito en la Región de Murcia con un nombre en la industria conservera, cuna de la cabra granadino-murciana. Ahora el pueblo ha ido quedando sin muchas opciones para seguir mirando al futuro una vez que se alejó a guantazos del sueño del ladrillo.

Y ahora se queda sin su río, seguramente por el mismo egoísmo, la mala gestión y la codicia de los que juegan a quedarse con recursos naturales, que son de todos, para mercadear ante la mirada de los que, debiendo velar por los bienes comunes, se doblegan ante intereses opacos que se ocultan detrás de la falta de lluvias. No hablaré de pozos ilegales y agua que toma una dirección que no es la que naturalmente le llevaría a desembocar en el río Segura. No puedo hablar porque desconozco los flecos, pero dudo de que cuando llueva, si es que llueve, el río recupere su cauce y sólo tomaremos conciencia de que por allí pasa agua en la próxima riada, como si el río Mula sólo fuera una rambla. Ahora el río no suena, porque agua no lleva, pero todos sabemos cómo reza el refrán de verdad.



Me consta que en mi pueblo y en los pueblos afectados de la cuenca del río Mula hay un grupo muy activo de personas (me parece a mí que debiera ser más numeroso) luchando por recuperar un bien que nos pertenece a todos.

Ahora no hay agua y no sé dónde han ido a parar las aves acuáticas y el resto de fauna que poblaban la ribera (los peces hace tiempo que desaparecieron afectados por las aguas residuales descontroladas). Conejos que corren a sus anchas por lo que era el cauce. Yo misma lo recorrí a pie. No sé cómo afecte esto a la flora típica del bosque ribereño del río Mula: a sus juncos cada vez más escasos, sus taráis secos, baladres difíciles de ver y el cañizo descontrolado o a la espectacular zona del Paisaje Lunar de Rajatila.




Los pequeños minifundios de la huerta de Campos ya no tienen casi derecho a agua de riego, y ya no hay río que deje su limo en las tierras de cultivo. La opción de cultivar la tierra, se ha convertido en una quimera porque el agua se pierde por el camino para no bañar sus tierras.

Esta entrada va desde el corazón, porque el río ya no mueve molinos, hoy todos en ruinas. Desde el recuerdo de los barcos de hoja de caña que lanzábamos mi padre y yo y que veíamos arrastrar por la corriente. Por el río en el que se bañaban y pescaban mis padres y sus amigos, por ese que permitió trabajar a mis abuelos y a las gentes del pueblo en sus tierras. Aunque tristemente, esta no parece ya una opción como medio de vida para las gentes de Campos.


Yo quiero poner mi grito en el cielo, desde mi rincón en Barataria, por ese río que hoy, a su paso por mi pueblo, está seco. Mi pueblo sin río es un pueblo sin vida y sin futuro y, en este caso, sin identidad porque hasta sin nombre se queda.

Fotos: Elaboración propia en paseo por el cauce del río Mula. Octubre 2016.

1 comentario:

  1. Toda mi familia es de allí y también he pasado la mayor parte de mi infancia recorriendo las "cuestas" del casco antiguo que es donde viven mis abuelos y tíos, en fin, es una lástima que este pueblo se pierda por culpa de la mala gestión. Aunque la gente no lo crea, los camperos son gente excepcional y me explico, si alguien llega al pueblo de buenas es seguro que te van a acoger como si fueses uno mas, como bien dice la letra de la canción "Cuentan las leyendas que en la noche de San Juan.......y te aceptarán a cantar con ellos en San Juan" pues esta canción les viene que ni pintada. Yo soy de un pueblo de al lado y cada vez que voy me reciben con los brazos abiertos y como si no me hubiese ido nunca, es más, se enfadan conmigo porque no voy a "echarles un ojo".

    Un saludo a esos camperos y espero ver ese río sonando algún día.

    Juanjo.

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