Es agotador pretender estar al
día de todo lo que pasa, de todo lo que se cuenta. Es un momento en el que los
acontecimientos se suceden a una velocidad de vértigo y se multiplican en todas
partes. Estar a todo es imposible, máxime cuando la era digital nos permite un
intercambio de datos en tiempo real asombroso, pero sobre todo es imposible cuando
estás obligado a hacer un sobre esfuerzo de limpieza y depuración de toda la
información que te bombardea.
El signo de los tiempos nos ha convertido en
consumidores de la noticia rápida y como pasa con la comida rápida, puede que lo
que te sirvan sólo sea una bomba calórica que estimule tus sentidos durante un
breve periodo de tiempo para dejarte empachado, pero sin nada bueno que sacar
de la experiencia.
Vaya por delante que esta entrada
la escribo como consumidora asidua de noticias en diferentes medios
(últimamente más los digitales) desde el total desconocimiento del
funcionamiento de una redacción de prensa, radio o televisión. Tengo, además,
muy presente una observación muy acertada de alguien que me dijo una vez que yo
jamás podría ser periodista, porque, desafortunadamente, suelo tener muy mal pronto (por decirlo de algún modo) y no mido bien mis reacciones
cuando me emociono. Parece que no tener siempre la capacidad de
respirar hondo y contar hasta tres es un problema, también para dedicarte a esa
profesión.
Ante las declaraciones de un representante
político en la universidad, en las que insistía en sus críticas a determinados
sectores de la prensa, incluso personalizando su ataque, pude, ingenuamente,
entender que algunos periodistas mostrasen su disconformidad y se fueran. Pronto
me sacudí la ingenuidad, porque estamos siendo testigos sufridores de una prensa que no es más que el medio propagandístico de partidismos,
ideologías e intereses económicos tanto personales como empresariales y nos convierte en víctimas de la desinformación organizada e interesada.¿Cuanto menos sepamos o peor lo sepamos, mejor?
Si no,
¿cómo explicamos la imagen de unos periodistas tomando notas detrás de un
plasma o en ruedas de prensa sin preguntas? Yo no encuentro explicación a ser
un mero divulgador de lo que nos quieren vender. No te haces periodista para
eso (o eso creo), y menos ahora que cualquiera tiene un blog para divulgar lo
que estime oportuno (a las pruebas me remito).
Ni siquiera me refiero a los
pseudoperiodistas que se llenan la boca y presumen de gran profesional cuando
no son sino simples palmeros interesados en medallas y palmaditas en la espalda
en reconocimiento del servicio prestado (y no entro en el beneficio económico).
Ni hablo de los se ponen delante de una cámara para decir: “¡nos van a dar por
todos lados!” a sabiendas de que lo que van a decir es mentira y aun así, lo
repiten hasta el absurdo y el desprestigio. Hablo de los que presumen de independientes,
de ser la voz de la verdad, la voz de la gente y no se revelan y ven, sentados
delante de sus micrófonos, como despiden a un compañero por hacer su trabajo de
informar.
Los profesionales de los distintos medios sufren, como en el resto de
los trabajos de este país, la precariedad laboral y la tiranía empresarial. Yo
imagino además, esas llamadas incómodas que les dicen qué deben publicar y qué
no, porque puede molestar a tal o cual persona y repercutir en publicidad, la
negociación de las refinanciaciones de los créditos bancarios o la guerra
abierta de las plumas en alto y hundir carreras. Y me salgo de aquí porque,
como dije, no tengo idea de cómo funcionan los entresijos del asunto y tengo
demasiada imaginación.
Y a mí me sigue sorprendiendo la
actitud infantil de ciertos medios y el manejo tan dispar que le dan a algunas
informaciones y últimamente con los tan traídos y llevados Papeles de Panamá esto se ha convertido en una fiesta. Si afectan a otros lo disfrutamos como cuando éramos niños y saltábamos en los
charcos y si me afectan a mí o a alguno
de los míos, me enfado y no respiro y amenazo a todos con que me las vais a
pagar porque yo soy de los buenos y de los independientes y vosotros sois
escoria (muy a lo western). Están siendo una excusa perfecta para lanzar mierda
en todas direcciones y al final todos apestados, porque parece ser que nadie se
salva de evadir impuestos y no pagar a Hacienda. ¿No es gracioso?
Hay miles de ejemplos más y a
todos, me gustaría recordar el artículo 20 de la Constitución que habla del
reconocimiento del derecho a comunicar o
recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.
Aunque, como bien sabemos, el papel lo aguanta todo.
Afortunadamente sí hay medios que
se buscan la vida y que algunos por incómodos y otros porque hacen un trabajo
divulgativo menos comercial con temáticas que se salen de la política, deben
financiarse como creativamente pueden para subsistir y no ser callados. Ahí
quiero dirigir cada vez más mi mirada pero supongo que también seguiré leyendo
y escuchando a unos y otros, haciendo el esfuerzo de entresacar lo que se pueda
de la información que me den y esperando que también en este sector sean
capaces de hacer autocrítica tan necesaria siempre.
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