“¡La política, la
política! ¿Pues no estamos viendo lo que es? Una comedia. Todo se vuelven
habladurías y no se hace nada de provecho…”
Así expresaba un personaje de “Fortunata y Jacinta” la
opinión que le merece la política.
Alguien se acuerda ya de lo que pasó en diciembre de 2015.
Parece que hayan pasado mil años. Unos políticos nos pedían nuestro voto, ya
sabéis. Todos defenderían nuestros intereses, todos nos prometían justicia,
igualdad y bienestar. Todos nos prometían recuperar aquello que perdimos en el
fuego. Meses después yo solo noto los síntomas de alergia intensa y no me la
provoca el ataque de los pólenes y ácaros primaverales. Si yo tuviera que
definir qué opinión me merece a día de hoy la política no podría hacerlo mejor
que como la expresaba Galdós en 1887.
¿Negociaciones? Yo he visto mucha puesta en escena y
bastante paripé prolongado en el tiempo hasta el hastío. Se sorprenderán nuestros
políticos cuando, llamados de nuevo a elecciones, nuestra respuesta sea un
poquito menos efusiva. Ya nos pidieron el voto y nos guste más o menos la
aritmética, son ellos los que deben hacer las cuentas. Esta mano no les gusta y
están a punto de pedirnos que repartamos cartas nuevas. Han sido incapaces de
salir de su inmovilismo y no han sabido digerir que para llegar a acuerdos hay
cosas que hacer. O no saben o no quieren hacer su trabajo. Yo les recordaría
que cuando cualquier hijo de vecino no sabe o no quiere hacer su trabajo es
invitado a salir, ¿por qué los políticos siguen siendo una clase distinta? Pues
ya son cuatro meses de dimes y diretes
mientras disfrutamos de un gobierno en funciones –que ya no debería tener
ninguna- y que ha tomado por costumbre no dar explicaciones salvo las que, por
su sentido común privilegiado, estiman
que sí deben dar, que es ninguna, porque están por encima del bien y del mal.
¿Y a quien responsabilizamos de esto? Ya lo veremos en junio.
Los señores de la política de siempre siguen aspirando a ser
eso, los de siempre, ignorando que ya no están solos y que el corralito hay que
compartirlo. Los que irrumpen, pese a sus aparentes ganas de cambiar la forma
de hacer política, se han estancado en las mismas formas de la vieja guardia. Y
desde ahí, desde ese limbo en el que todos se culpan de todo y nada sacamos en
claro, nos mantienen en este desconcierto vergonzoso.
Ya casi lo hemos dicho todo porque todos los días es la
misma historia y probablemente será así hasta la que se disuelvan las Cortes.
Mientras, tratamos de salvar los muebles para que la imagen sea lo menos bochornosa
posible cuando tengan que volver a ponerse delante de nosotros a decirnos que
confiemos en ellos. Como si esto hubiera sido ensayo para la gran obra final y
definitiva. Puede que no valoren su tiempo pero yo sí valoro el mío y me
molesta que me lo hagan perder.
No señores, entre la falta de entendimiento y acuerdo, las
dimisiones en cadena, las escenificaciones de falsa dignidad, el goteo de
corrupción e inmovilismo y ahora los entretenidísimos Papeles de Panamá nos han
demostrado que son unos incompetentes sin carisma ni liderazgo, incapaces de
ponerse al frente de un proyecto mayor que es representar a los españoles así
como somos, con diferentes ideologías y sentimientos, nos guste o no. Y de
igual calaña son los que están hoy a frente como los que quieren carroñear para
estarlo cuando todo esto acabe mal y ponen su empeño en ello.
Así somos y así estamos casi cuatro meses después. Haciendo
historia y enseñando al mundo que aunque nos empeñemos en soplar, hay llamas
que ni con el mar.
Como bien decía Barbarita de la política: “¿Pues no estamos
viendo lo que es? Una comedia.”
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