Hace unos días aprovechaba las largas horas, mecida por el
balanceo del tren que me llevaba a casa, para meterme de lleno en una lectura
que me resultó sorprendente, no por su contenido en sí, sino porque me llevó a
reflexionar sobre la capacidad que tenemos de no aprender nada de
nuestra historia.
Esa lectura hablaba de gobiernos corruptos, sistemas
tributarios injustos y el estancamiento de las fuentes de trabajo. No diréis que
nos os resulta familiar. Hacía también un análisis muy particular de las
motivaciones que tenemos los españoles para formar parte de una revolución.
Miremos cómo está la historia de España hoy. Yo me pregunto,
qué necesitamos para salir de nuestro estancamiento como pueblo.
Esta apatía y
resignación que nos mantiene a la espera de que otros decidan por nosotros.
Dicen ser nuestros representantes, pero yo ya no sé a quiénes o qué representan.
Dicen que no pueden hacer esto o aquello porque no es lo que los votantes
esperan de…
Y sin embargo, han olvidado muy conscientemente lo que los votantes esperan de ...
Dicen que
democrático, pero yo mantengo todas mis dudas sobre este tipo de democracia que
se muestra tan perversa cada día.
Han secuestrado nuestro voto para legitimar sus vergonzosas
posiciones estratégicas como partidos y como individuos, interesados en cosas
que no son el bien general. En los programas electorales no constaba el
espectáculo ridículo al que nos están condenando.
Mientras nosotros pensamos, con resignación, en unas lamentables
terceras elecciones y se nos escapa qué clase de poder tenemos como grupo porque creemos que hemos perdido ese poder y lo hemos regalado. ¿Y por qué no movilizarnos y recuperar lo que es nuestro?
¿Qué nos mantiene a la espera de más decepciones? ¿En serio esto es lo único
que podemos hacer?
Que otros decidan por mí, que me lleven donde no quiero
mientras sigo viendo a todos esos que no me representan, aludiendo a una
democracia que no existe, porque estamos gobernados por unos intereses que
planean sobre nuestras cabezas y que no podemos materializar ni controlar. Y yo, como todos, sigo viendo los días pasar.
Sólo hay que ver las noticias para ver que estamos de mierda
hasta el cuello. Entonces ¿qué
necesitamos para reaccionar ante tantas mentiras y tanta basura? ¿Por qué hemos
olvidado cuánto poder tenemos cuando nos hacemos conscientes de él y lo usamos? Pues hagámoslo. Seamos dueños de nuestro futuro.
Ahora mismo escucho una canción que dice justo lo que me arrasa
el corazón: “Necesito un país que se arranque la tristeza” (Marwan).
Para aquellos que se preguntan qué libro leía os dejo un pequeño
fragmento de La España revolucionaria. Karl Marx. Artículo Tres. New York Daily
Tribune. 20 de octubre de 1854.
“La Junta reconoció la deuda la deuda nacional, pero no
adoptó ninguna medida financiera para aliviar el presupuesto del cúmulo de
cargas con que lo había agobiado una secular sucesión de gobiernos corrompidos, ni hizo nada por reformar
su sistema tributario proverbialmente injusto, absurdo y oneroso ni para abrir
a la nación nuevas fuentes de trabajo productivo rompiendo los grilletes del
Feudalismo.”
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