miércoles, 14 de septiembre de 2016

Que se arranque la tristeza



Hace unos días aprovechaba las largas horas, mecida por el balanceo del tren que me llevaba a casa, para meterme de lleno en una lectura que me resultó sorprendente, no por su contenido en sí, sino porque me llevó a reflexionar sobre la capacidad que tenemos de no aprender nada de nuestra historia. 



Esa lectura hablaba de gobiernos corruptos, sistemas tributarios injustos y el estancamiento de las fuentes de trabajo. No diréis que nos os resulta familiar. Hacía también un análisis muy particular de las motivaciones que tenemos los españoles para formar parte de una revolución.

Miremos cómo está la historia de España hoy. Yo me pregunto, qué necesitamos para salir de nuestro estancamiento como pueblo. 
Esta apatía y resignación que nos mantiene a la espera de que otros decidan por nosotros. Dicen ser nuestros representantes, pero yo ya no sé a quiénes o qué representan. Dicen que no pueden hacer esto o aquello porque no es lo que los votantes esperan de… 
Y sin embargo, han olvidado muy conscientemente lo que los votantes esperan de ...
Dicen que democrático, pero yo mantengo todas mis dudas sobre este tipo de democracia que se muestra tan perversa cada día. 

Han secuestrado nuestro voto para legitimar sus vergonzosas posiciones estratégicas como partidos y como individuos, interesados en cosas que no son el bien general. En los programas electorales no constaba el espectáculo ridículo al que nos están condenando.

Mientras nosotros pensamos, con resignación, en unas lamentables terceras elecciones y se nos escapa qué clase de poder tenemos como grupo porque creemos que hemos perdido ese poder y lo hemos regalado. ¿Y por qué no movilizarnos y recuperar lo que es nuestro? ¿Qué nos mantiene a la espera de más decepciones? ¿En serio esto es lo único que podemos hacer?

Que otros decidan por mí, que me lleven donde no quiero mientras sigo viendo a todos esos que no me representan, aludiendo a una democracia que no existe, porque estamos gobernados por unos intereses que planean sobre nuestras cabezas y que no podemos materializar ni controlar.  Y yo, como todos, sigo viendo los días pasar.

Sólo hay que ver las noticias para ver que estamos de mierda hasta el cuello. Entonces  ¿qué necesitamos para reaccionar ante tantas mentiras y tanta basura? ¿Por qué hemos olvidado cuánto poder tenemos cuando nos hacemos conscientes de él y lo usamos? Pues hagámoslo. Seamos dueños de nuestro futuro.

Ahora mismo escucho una canción que dice justo lo que me arrasa el corazón: “Necesito un país que se arranque la tristeza” (Marwan).

Para aquellos que se preguntan qué libro leía os dejo un pequeño fragmento de La España revolucionaria. Karl Marx. Artículo Tres. New York Daily Tribune. 20 de octubre de 1854.

“La Junta reconoció la deuda la deuda nacional, pero no adoptó ninguna medida financiera para aliviar el presupuesto del cúmulo de cargas con que lo había agobiado una secular sucesión  de gobiernos corrompidos, ni hizo nada por reformar su sistema tributario proverbialmente injusto, absurdo y oneroso ni para abrir a la nación nuevas fuentes de trabajo productivo rompiendo los grilletes del Feudalismo.” 

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