viernes, 10 de julio de 2015

Al calor de las musas




Cuando no sabes por dónde empezar es mejor hacerlo por uno mismo. En Barataria he podido hablar siempre de lo que me apetecía y afortunadamente no me han faltado fuentes en las que inspirarme. Las musas de la indignación me acompañan todo el día. 

Es contradictorio sentir que despierta mis sentidos lo mismo que provoca mi nausea, y me asombra la manera en la que nuestros ojos se han acostumbrado a las imágenes más horribles. Ignoramos gritos de auxilio, nos mantenemos en la comodidad del inmovilismo fuera del cual todo es un caos, o eso nos han dicho. Sólo el miedo hace que se vea justo hasta lo escandalosamente reprobable, lo delictivo, lo ruin y lo cruel.

Esta semana he querido plantear algo en positivo y me he dado de bruces con la dificultad de unos días agotadores, en los que las musas de lo bello no me han inspirado.

Temperaturas caóticas, un día detrás de otro. Y aún nos negamos a ver que nos estamos peleando a muerte con la tierra y no venceremos nosotros (yo creo que acabaré como una manchita de grasa en el suelo en breve). Mi estado de ebullición natural se ha visto acentuado por la temperatura externa y por un sinfín de despropósitos que me han hecho plantearme el estado de estupidez pública de la que han presumido algunos de los personajes de circo (y perdón al gremio circense por el insulto) de nuestros políticos y sus acólitos.

Si con estos calores –o por otras razones- los montes arden, pues bien, que las Comunidades Autónomas decidan si por el “interés general” pueden recalificarse terrenos. Ya sabemos cómo acaban las aventuras de las recalificaciones de terrenos. ¿Echamos un vistazo alrededor? Todos sabemos que un monte bien gestionado no arde y ese sí es un interés general. Bienvenida la Ley de Montes.

La letra y la música no nos gustan a todos por igual, pero consultar en referendum será considerado un chantaje en nuestra democracia actual. Asfixiar a un pueblo no lo es. Una puesta en escena de actores narcisistas que olvidaron que trabajaban para su público, que es su única razón de ser en una democracia. Cada día es mayor mi estupor, mi vergüenza y el deseo de que acabe este modelo de Europa que no es capaz de proporcionar aquello que vendió. Es una Europa amnésica que no recuerda las grandes lecciones que nos ha proporcionado la historia en el viejo continente. Bueno, pero lo lograron. Han conseguido que agachen la cabeza y acepten ponerse la soga al cuello ellos solitos y tiene más mérito porque es un país europeo. Esto sí ha sido una buena mano. ¿A quién le importan esos otros lugares que ya estábamos arrasando? Como leí en alguna ocasión: “una economía sana es perfectamente compatible con una sociedad muriéndose de hambre”.

No diré mucho de lo que se ha comentado en este país sobre el tema, porque nos han inflado a noticias.  Hemos podido ver diferentes puntos de vista gracias a que uno de los mayores errores de la legislatura de algunos fue permitir que cierta cadena siguiera abierta. Gracias Don Mariano, por el patinazo, y eso que tampoco soy yo mucho de tele. La pluralidad de pensamiento no gusta a todos pero a mí tampoco me gustan los discursos casi terroristas plantados en los extremos, acusadores, llenos de mentiras (y dejo los calificativos porque van al alza). La tele pública también la pago yo y me parece un delito el uso que se le da. ¡Viva el insulto a la inteligencia!

Les guste o no, en este país se gobierna para todos, no sólo para “mis votantes”.

Lo más hermoso que tenemos es la diversidad y aquí tenemos muchas cosas de las que sentirnos orgullosos. No puedo explicarme el empeño en aplastar la libertad de pensamiento, la libertad de sentimientos, la libertad al fin y al cabo, en todos sus ámbitos que no implica nada más que el respeto al otro. Bueno, sí que me explico el empeño. Ese es el problema.

Son las 22.30 horas y el termómetro marca 30 grados. Cada segundo que pasa el calor es inaguantable y no es culpa sólo de los grados. He querido ser positiva y me perdí en una nube de musas.

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