Cuando no sabes por dónde empezar
es mejor hacerlo por uno mismo. En Barataria he podido hablar siempre de lo que
me apetecía y afortunadamente no me han faltado fuentes en las que inspirarme.
Las musas de la indignación me acompañan todo el día.
Esta semana he querido plantear
algo en positivo y me he dado de bruces con la dificultad de unos días
agotadores, en los que las musas de lo bello no me han inspirado.
Temperaturas caóticas, un día
detrás de otro. Y aún nos negamos a ver que nos estamos peleando a muerte con
la tierra y no venceremos nosotros (yo creo que acabaré como una manchita de
grasa en el suelo en breve). Mi estado de ebullición natural se ha visto
acentuado por la temperatura externa y por un sinfín de despropósitos que me
han hecho plantearme el estado de estupidez pública de la que han presumido
algunos de los personajes de circo (y perdón al gremio circense por el insulto)
de nuestros políticos y sus acólitos.
Si con estos calores –o por otras
razones- los montes arden, pues bien, que las Comunidades Autónomas decidan si
por el “interés general” pueden recalificarse terrenos. Ya sabemos cómo acaban
las aventuras de las recalificaciones de terrenos. ¿Echamos un vistazo
alrededor? Todos sabemos que un monte bien gestionado no arde y ese sí es un
interés general. Bienvenida la Ley de Montes.
La letra y la música no nos
gustan a todos por igual, pero consultar en referendum será considerado un
chantaje en nuestra democracia actual. Asfixiar a un pueblo no lo es. Una
puesta en escena de actores narcisistas que olvidaron que trabajaban para su
público, que es su única razón de ser en una democracia. Cada día es mayor mi
estupor, mi vergüenza y el deseo de que acabe este modelo de Europa que no es
capaz de proporcionar aquello que vendió. Es una Europa amnésica que no
recuerda las grandes lecciones que nos ha proporcionado la historia en el viejo
continente. Bueno, pero lo lograron. Han conseguido que agachen la cabeza y
acepten ponerse la soga al cuello ellos solitos y tiene más mérito porque es un
país europeo. Esto sí ha sido una buena mano. ¿A quién le importan esos otros
lugares que ya estábamos arrasando? Como leí en alguna ocasión: “una economía
sana es perfectamente compatible con una sociedad muriéndose de hambre”.
No diré mucho de lo que se ha
comentado en este país sobre el tema, porque nos han inflado a noticias. Hemos podido ver diferentes puntos de vista gracias
a que uno de los mayores errores de la legislatura de algunos fue permitir que cierta
cadena siguiera abierta. Gracias Don Mariano, por el patinazo, y eso que
tampoco soy yo mucho de tele. La pluralidad de pensamiento no gusta a todos
pero a mí tampoco me gustan los discursos casi terroristas plantados en los
extremos, acusadores, llenos de mentiras (y dejo los calificativos porque van
al alza). La tele pública también la pago yo y me parece un delito el uso que
se le da. ¡Viva el insulto a la inteligencia!
Les guste o no, en este país se
gobierna para todos, no sólo para “mis votantes”.
Lo más hermoso que tenemos es la
diversidad y aquí tenemos muchas cosas de las que sentirnos orgullosos. No puedo
explicarme el empeño en aplastar la libertad de pensamiento, la libertad de
sentimientos, la libertad al fin y al cabo, en todos sus ámbitos que no implica
nada más que el respeto al otro. Bueno, sí que me explico el empeño. Ese es el
problema.
Son las 22.30 horas y el termómetro marca 30 grados. Cada segundo que pasa el calor es inaguantable y no es culpa sólo de los grados. He querido ser positiva y me perdí en una nube de musas.
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