sábado, 21 de marzo de 2015

BIENVENIDO A BARATARIA


Aprendí muchas cosas de mi paso por Barataria. ¿Has estado allí? Cuando llegué tenía claro que  la gente común no tiene cabida en gobiernos. La gente vulgar debería limitarse a obedecer a esa clase superior, que con los modales que proporciona la cuna y cierta formación, permiten dirigir y gobernar vidas. Todo muy ordenado. Los privilegiados gobiernan y los demás trabajamos para aquellos que nos lo ordenan.
Sin embargo, allí estaba ese hombre de bien “si este título se puede dar al que es pobre*” que entre risas y la curiosidad que despertaba, mantenía el tipo. Decían que era el nuevo gobernador de la ínsula, así que despertó mi interés. Tuve la posibilidad de presenciar cómo un hombre analfabeto y rudo resolvía, con mucho sentido, las disputas que se le plantearon. Pero no parecía digno que una persona sin cualificación se dedicase a gobernar en lugar de trabajar. Un trabajador trabaja ya que nació para eso. Sólo alguien importante puede reconocerte cierta valía pero no te libera de tu condición humilde ni de tu aspecto y tus modales rudos y serviles.
¿Desde cuándo un hombre vulgar se hace cargo de un gobierno con acierto? Desde el mismo momento en el que hace imperar en sus decisiones el sentido común y deja guiar su criterio por principios rectos.
Hacía gala este hombre de su humilde linaje y podía presumir de no ser un soberbio poderoso. Yo me preguntaba si se dejaría engatusar por la ambición de la riqueza o por las lágrimas del débil. ¿Sería compasivo o riguroso? Aprovechar su condición de superioridad para proporcionarse venganzas sería fácil, sin embargo, ser ecuánime, sabio y justo podía proporcionar bienes mayores: autoridad, respeto y admiración. No tendrán, ni él ni su familia, grandes riquezas y bienes pero disfrutarán de algo mejor, no siempre bien valorado: el prestigio que te permite vivir en la memoria de la gente, el prestigio que no se compra, que se gana.
A lo largo de mi humilde vida me había cansado de observar reyezuelos y diosecillos que pugnaban por el poder hasta alcanzar su imposición sobre cualquier otra voluntad. Arbitrariedades e injusticias he visto y sufrido. Siervos de costumbres, siervos de tradiciones azarosas, siervos de noblezas, siervos de poderosos criminales, y, sin embargo, allí está ese hombre humilde gobernando a golpe de sentido común.
Ha sido aquí, en Barataria, donde empiezan mis reflexiones. Ha sido aquí, en Barataria donde me planteo qué hay de bueno y malo en el mundo que me rodea sin dejarme engañar por lo que mis ojos ven y mis oídos escuchan. He llegado a Barataria en busca del sentido perdido. El común.
¿Has venido alguna vez? Yo me quedo un tiempo a ver qué otras nuevas me depara Barataria. Si te acercas, no olvides pasar a verme porque agradeceré que compartas tu conocimiento y tus impresiones conmigo.
Bienvenido a Barataria.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho esta primera entrada. Gracias por invitarme a viajar a Barataria.

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  2. Un placer. Sabes que esto es fruto de nuestros cafés así que no podían faltar tus tirones de oreja.

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