Esto no va de rojos, comunistas contra
fachas, ultraderechistas. Esto va de otra cosa.
Hemos vuelto a desviar el foco de
atención de manera muy interesada sobre una materia tan sensible como es la
educación.
Según yo lo veo, y es una opinión
tan válida o tan rastrera como cualquier otra, la escuela pública nos hace
libres de la ideología de nuestros padres y madres y de sus convicciones (espero
que nadie se ofenda por esta opinión). Nos enseñan otras opciones y nos abren
los ojos a ideas que no descubriríamos si no fuera por ella. No es solo que los
niños y niñas se sientan y comparten experiencias con personas diferentes a
ellas y aprenden lo que es la igualdad y el respeto independientemente del
género, raza, condición sexual, complexión física, religión, pensamiento
político, capacidad económica o cualquier otra característica; es también una
estupenda manera de evitar que esos padres y madres antitratamientos médicos, eduquen
a sus hijos/as en la “alternatividad” más peligrosa.
Los compañeros/as de pupitre, maestros/as y profesores/as de estos niños y niñas en la enseñanza pública serán diferentes y tendrán pensamientos y opciones de vida diversos. Serán de derechas, izquierdas, sin ideología política, serán hombres y mujeres, tendrán una procedencia y un estilo de vida, tendrán una complexión física, tendrán una opción sexual, etc. Todos/as serán una ventana a opciones por descubrir.
Los compañeros/as de pupitre, maestros/as y profesores/as de estos niños y niñas en la enseñanza pública serán diferentes y tendrán pensamientos y opciones de vida diversos. Serán de derechas, izquierdas, sin ideología política, serán hombres y mujeres, tendrán una procedencia y un estilo de vida, tendrán una complexión física, tendrán una opción sexual, etc. Todos/as serán una ventana a opciones por descubrir.
La escuela pública nos hace
libres del control ideológico paterno/materno poniendo ante nuestros ojos otras
opciones que no valoraríamos de no ser porque estamos en una enseñanza pública.
Eso que se conoce como la libertad de la familia o de los padres para elegir
colegio (esa libertad tan explotada por algunos sectores políticos para
defender el modelo de escuela concertada), no es otra cosa que la condena de
los padres y madres a sus hijos/as para que permanezcan los años más
influenciables de sus vidas en colegios con una línea ideológica y educativa marcada
y predeterminada, que es la suya (por muy nociva que esta pueda ser).
Los niños y niñas tienen que
tener el derecho indiscutible de ser libres y considero una monstruosa
barbaridad que padres y madres nieguen a sus hijos e hijas la posibilidad de
desarrollarse como individuos de pleno derecho con todas las garantías
posibles. No se puede negar el derecho a una educación libre e igualitaria solo
porque tú no creas en ella, igual que no les puedes negar una vacuna o impedir
que se le haga una transfusión. Ese es un derecho superior del menor del que los
padres y madres no pueden disponer por muy hijo/a tuyo/a que sea. No son pocas las
veces que hay que defender a los hijos/as de sus padres y madres.
¿A quién interesa entonces toda
esta polémica? A los defensores de una escuela concertada. Escuelas que reciben
fondos públicos y muchas veces fondos de la iglesia católica para mantener una línea
educativa concreta. Escuelas que eligen a sus alumnos/as por su capacidad
económica separando y disgregando tanto por condición social como por sexo.
Escuelas que no pagan IVA y muchas de ellas (las religiosas) no pagan IBI. Somos
uno de los países con más inversión en escuelas concertadas de Europa, en
detrimento de la inversión en la pública y con una calidad educativa de las más
bajas de los países de la OCDE. Quizá esto tenga algo que ver y es la
consecuencia más grave de todas. Una educación débil hace de las personas
blancos fáciles. El control de la educación es un preciado tesoro para
determinados intereses.
Volvemos a esquivar los problemas
de la escuela pública, su falta de inversión, su falta de medios, las ratios, las
condiciones laborales de educadores, los problemas que crea el hecho de que
aproximadamente el noventa por ciento de la integración de niños y niñas de
clases desfavorecidas es cosa de la escuela pública (ya que las concertadas y
privadas han elegido a sus alumnos/as), etc. No sólo ignoramos estos y otros problemas,
sino que además ponemos en cuestión, otra vez, la profesionalidad de los educadores/as.
Ahora los identificamos como adoctrinadores.
¿Qué falla? Vuelven a fallar los
mismos, nuestros políticos/as y da igual el color que los identifique. En esta
materia han fracasado todos/as. Esta sí es la profesionalidad que hay que
cuestionar.
Sueño con que algún día apreciemos
la verdadera importancia de una educación libre y de unos profesionales con
medios suficientes para desarrollar su labor. Algún día tendremos el respeto y
la admiración que estas personas se merecen por cuidar y educar a lo más
importante que hay en el mundo, nuestros hijos e hijas.
Algún día pensaremos en el futuro
y dejaremos de mirarnos el ombligo. Espero con ilusión y quizá con exceso de
optimismo, que eso pase algún día…
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