domingo, 19 de enero de 2020

¿Derecho a la educación?











Esto no va de rojos, comunistas contra fachas, ultraderechistas. Esto va de otra cosa.


Hemos vuelto a desviar el foco de atención de manera muy interesada sobre una materia tan sensible como es la educación.
Según yo lo veo, y es una opinión tan válida o tan rastrera como cualquier otra, la escuela pública nos hace libres de la ideología de nuestros padres y madres y de sus convicciones (espero que nadie se ofenda por esta opinión). Nos enseñan otras opciones y nos abren los ojos a ideas que no descubriríamos si no fuera por ella. No es solo que los niños y niñas se sientan y comparten experiencias con personas diferentes a ellas y aprenden lo que es la igualdad y el respeto independientemente del género, raza, condición sexual, complexión física, religión, pensamiento político, capacidad económica o cualquier otra característica; es también una estupenda manera de evitar que esos padres y madres antitratamientos médicos, eduquen a sus hijos/as en la “alternatividad” más peligrosa. 

Los compañeros/as de pupitre, maestros/as y profesores/as de estos niños y niñas en la enseñanza pública serán diferentes y tendrán pensamientos y opciones de vida diversos. Serán de derechas, izquierdas, sin ideología política, serán hombres y  mujeres, tendrán una procedencia y un estilo de vida, tendrán una complexión física, tendrán una opción sexual, etc. Todos/as serán una ventana a opciones por descubrir.

La escuela pública nos hace libres del control ideológico paterno/materno poniendo ante nuestros ojos otras opciones que no valoraríamos de no ser porque estamos en una enseñanza pública. Eso que se conoce como la libertad de la familia o de los padres para elegir colegio (esa libertad tan explotada por algunos sectores políticos para defender el modelo de escuela concertada), no es otra cosa que la condena de los padres y madres a sus hijos/as para que permanezcan los años más influenciables de sus vidas en colegios con una línea ideológica y educativa marcada y predeterminada, que es la suya (por muy nociva que esta pueda ser).

Los niños y niñas tienen que tener el derecho indiscutible de ser libres y considero una monstruosa barbaridad que padres y madres nieguen a sus hijos e hijas la posibilidad de desarrollarse como individuos de pleno derecho con todas las garantías posibles. No se puede negar el derecho a una educación libre e igualitaria solo porque tú no creas en ella, igual que no les puedes negar una vacuna o impedir que se le haga una transfusión. Ese es un derecho superior del menor del que los padres y madres no pueden disponer por muy hijo/a tuyo/a que sea. No son pocas las veces que hay que defender a los hijos/as de sus padres y madres.

¿A quién interesa entonces toda esta polémica? A los defensores de una escuela concertada. Escuelas que reciben fondos públicos y muchas veces fondos de la iglesia católica para mantener una línea educativa concreta. Escuelas que eligen a sus alumnos/as por su capacidad económica separando y disgregando tanto por condición social como por sexo. Escuelas que no pagan IVA y muchas de ellas (las religiosas) no pagan IBI. Somos uno de los países con más inversión en escuelas concertadas de Europa, en detrimento de la inversión en la pública y con una calidad educativa de las más bajas de los países de la OCDE. Quizá esto tenga algo que ver y es la consecuencia más grave de todas. Una educación débil hace de las personas blancos fáciles. El control de la educación es un preciado tesoro para determinados intereses.

Volvemos a esquivar los problemas de la escuela pública, su falta de inversión, su falta de medios, las ratios, las condiciones laborales de educadores, los problemas que crea el hecho de que aproximadamente el noventa por ciento de la integración de niños y niñas de clases desfavorecidas es cosa de la escuela pública (ya que las concertadas y privadas han elegido a sus alumnos/as), etc. No sólo ignoramos estos y otros problemas, sino que además ponemos en cuestión, otra vez, la profesionalidad de los educadores/as. Ahora los identificamos como adoctrinadores.

¿Qué falla? Vuelven a fallar los mismos, nuestros políticos/as y da igual el color que los identifique. En esta materia han fracasado todos/as. Esta sí es la profesionalidad que hay que cuestionar.

Sueño con que algún día apreciemos la verdadera importancia de una educación libre y de unos profesionales con medios suficientes para desarrollar su labor. Algún día tendremos el respeto y la admiración que estas personas se merecen por cuidar y educar a lo más importante que hay en el mundo, nuestros hijos e hijas.

Algún día pensaremos en el futuro y dejaremos de mirarnos el ombligo. Espero con ilusión y quizá con exceso de optimismo, que eso pase algún día…

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