Hoy hemos asistido a un proceso
singular en el que se han dado la mano las viejas normativas que rigen las
Cámaras de este país y un montón de caras jóvenes, de caras nuevas que han
dejado imágenes cuanto menos curiosas. Pero la cara más joven de todas ha sido
la de una niña, centro de atención pixelado de propios y extraños.
El recinto era un hervidero de
comentarios, algunos positivos y otros negativos. Ninguno indiferente. Y este
debate se traslada a pie de calle y todos hemos comentado hoy por qué una
diputada se ha llevado a su hija a su centro de trabajo.
Quizá lo de menos hayan sido las
explicaciones que la diputada haya dado al respecto. Porque todos habíamos
creado una idea preconcebida. Los demonizadores de algunos partidos políticos han encontrado un
argumento más, enfrentados a los que han visto en el gesto un símbolo, una reivindicación
necesaria.
Un gesto contraproducente, lo han
llamado desde algunos sectores, porque más que la conciliación buscamos que no
se identifique a la mujer con el cuidado de los hijos.
Cierto. En una familia clásica
están papá y mamá y ambos deben ser responsables de todas las obligaciones que
genera la crianza de los hijos. Pero no olvidemos, que el modelo de familia
clásica ya no es el único modelo, y que aún hoy y mientras la ciencia no lo
impida, es la mujer la que queda embarazada, la que da a luz y la que amamanta.
Y todo esto debería ser un derecho, no sólo protegido, sino propiciado. Sin
embargo penaliza y lastra las opciones de la mujer en su desarrollo en distintas
facetas, entre ellas la profesional. Mujer, que además de cargar con las
tradicionales obligaciones sociales que arrastra, debe competir en un marco
laboral que le exige un rendimiento igual
(si no superior) para ser una opción cuando, en igualdad de condiciones, se prefiere a un
hombre que no genera gastos por bajas, ni tiene compromisos familiares, ni va a
pedir reducciones de jornada.
¿Y por qué no? Porque es difícil que
un hombre renuncie a este privilegio, a esta suerte adquirida, porque ya no hay
quien comprenda la doble moral que entiende que un hombre casado es una persona
más estable y, por tanto más apta, y una mujer casada sea una futura fuente de
pérdidas que hay que esquivar como un mal virus.
Espero que cada día haya más
hombres concienciados de que la igualdad es una lucha de todos, porque si no,
seguiremos siendo Quijotes
enfrentadas a molinos de viento.
Las opiniones han sido infinitas,
pero yo me quedo con la idea de que el debate se ha generado y lo ha hecho a
tantas bandas como personas opinen al respecto. Se ha generado en el
Congreso sin estar en orden del día. Ahí donde nacen las leyes, ahí donde debe nacer el debate y se
legisla para salvaguardar nuestros derechos y libertades como ciudadanos que
quieren vivir y desarrollarse en igualdad de condiciones y con igualdad de
oportunidades.
Yo me quedo con el primer debate de
esta legislatura generado en el Congreso.
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